Escritor por encargo

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escritores freelance

jueves, 6 de octubre de 2011

TOMAS TRANSTROMER: BREVE ANTOLOGIA



Tomas Tranströmer, suecia

Por las calles de Södermalm

Tomas Tranströmer nació en Estocolmo en 1931. Desde muy joven alternó su trabajo de psicólogo con la escritura de poesía. Desde la publicación de su primer libro, 17 dikter (17 poemas) en 1954, aclamado por la crítica, su producción creció sin prisa y sin pausa, al tiempo que su obra fue siendo traducida a distintas lenguas; en la actualidad sus poemas pueden leerse en cerca de cuarenta idiomas. Es poco frecuente que la obra prácticamente completa de un poeta vivo se convierta en un texto tan internacional, sin haber recibido el Premio Nobel, aunque es cierto que Tomas ha sido propuesto reiteradamente a ese premio. Aparte de las versiones inglesas (hay varios traductores), rusa, castellana, alemana, francesa e italiana, también existen versiones de los poemas de Tranströmer en turco, griego, chino, árabe, hindú, persa y muchas otras lenguas remotas para nosotros como el tamil, el estonio, el esperanto, el tártaro, el macedonio… En las últimas décadas ha viajado frecuentemente, invitado a diferentes festivales de poesía del planeta. Su obra ha sido estudiada profundamente por la crítica y es a menudo tema de tesis doctorales.

Tranströmer es un poeta realmente leído en su país –las ediciones de sus poemas se agotan continuamente y ha estado en el tope de las ventas del mes- a pesar de la tímida y austera imagen pública que ha proyectado siempre y su relativo retiro de los últimos tiempos…

(extractado del Prólogo)

I

1

Pared de pena...

Palomas van y vienen:

no tienen rostros.

1

Höpplöshetens vägg…

Duvorna kommer och går

utan ansikten.

2

Los pensamientos

en calma de mosaicos

en el palacio.

2

Tankar står stilla

som mosaikplattorna

i palatsgården

3

De pie en el balcón,

esa jaula de sol:

como un arcoiris.

3

Står på balkongen

i en bur av solstrålar –

som en regnbåge.

III

7

Un soplo duro

atraviesa la casa:

son los demonios.

7

En pinande blåst

drar genom huset i natt-

demonernas namn.

8

Pinos rajados

en el mismo pantano.

Siempre y siempre.

8

Ruggiga tallar

på samma tragiska myr.

Alltid och alltid.

VI

16

Bosque asombroso:

Dios sin dinero vive.

Claras murallas.

16

Förbryllande skog

där Gud bor utan pengar.

Murarna lyste.

17

Blanca y negra,

terca urraca, en zigzag

va por el campo.

17

En svartvit skata

springer envist i sick-sack

tvärs över fälten.

GÓNDOLA FÚNEBRE

Tomas Tranströmer

(Original sueco: Sorgegondolen, Ed. Bonniers, Estocolmo, 1996

Poemas tomados de la primera edición castellana:: LAR, Chile, 1999, versión de Roberto Mascaró)

ABRIL Y SILENCIO

La primavera yace desierta.

La zanja, oscura como terciopelo

se arrastra junto a mí

sin espejeos.

Tan sólo irradian

las flores amarillas.

Soy llevado en mi sombra

como un violín

en su caja negra.

Lo único que quiero decir

reluce fuera de alcance

como la platería

en la casa de empeños.

EL REINO DE LA INSEGURIDAD

La jefa de oficina se inclina y traza una cruz

y oscilan sus pendientes como espadas de

Damocles.

Así como la frágil mariposa se hace invisible en

el suelo

confluye el demonio con el diario abierto.

Un casco que nadie lleva ha tomado el poder.

La tortuga madre huye volando bajo el agua.

HOJA DE LIBRO NOCTURNO

Una noche de mayo aterricé

en un frío claro de luna

en que la hierba y las flores eran grises

pero el aroma, verde.

Resbalé cuesta arriba

en la noche daltónica

mientras las piedras blancas

señalaban la luna.

Un espaciotiempo

de algunos minutos

cincuenta y ocho años de ancho.

Y tras de mí

más allá de las aguas relucientes cual plomo

estaba la otra costa

y los poderosos.

Gentes con futuro

en vez de rostro.

GÓNDOLA FÚNEBRE Nº 2

I

Dos hombres, suegro y yerno, Liszt y

Wagner, viven junto al Canal Grande

con la inquieta esposa del rey Midas,

ése que transforma en Wagner todo lo que

toca.

El frío verde del mar atraviesa los pisos del

palacio.

Wagner destaca, el conocido perfil de títere

parece más cansado;

el rostro, una bandera blanca.

La góndola cargada pesadamente con sus vidas; dos pasajes de ida y vuelta y otro

sólo de ida.

II

Una ventana del palacio se abre con el viento y el súbito soplo provoca muecas.

Sobre el agua aparece la góndola del basurero impulsada por dos bandidos con remo.

Liszt ha escrito unos acordes tan pesados

que deberían ser enviados a analizar

en el Instituto de Mineralogía de Padua.

¡Meteoritos!

Demasiado pesados para la quietud, pueden sólo hundirse más y más, futuro abajo, hasta

los años de las camisas pardas.

La góndola, pesadamente cargada con las

hacinadas piedras del futuro.

III

Rendijas, hacia 1990.

25 de marzo. Inquietud por Lituania.

Soñé que visitaba un gran hospital.

No tenía funcionarios. Todos eran pacientes.

En el mismo sueño, una niña recién nacida

hablaba con completas oraciones.

IV

Junto al yerno, que es hombre de su tiempo,

Liszt es un apolillado grandseigneur.

Es un disfraz.

El abismo, que ensaya y descarta máscaras

diferentes, ha elegido justo ésta para él,

el abismo, que quiere subir hasta los hombres sin mostrar

su rostro.

V

El Abate Liszt está habituado a cargar él

mismo su maleta por soles y por nieves

y cuando muera un día, nadie irá a

esperarlo a la estación.

La tibia brisa de un coñac excelente lo

conduce a la tarea.

Siempre tiene tarea.

¡Dos mil cartas al año!

El escolar que escribe cien veces el palote,

antes de que le permitan volver a casa.

La góndola cargada pesadamente de vida;

es sencilla y negra.

VI

De regreso en 1990.

Soñé que conducía doscientos quilómetros en vano.

Entonces, todo se agigantó. Gorriones enormes como gallinas

cantaban de modo ensordecedor.

Soñé que dibujaba teclas de piano

en la mesa de cocina. Tocaba sordamente

en ellas.

VI

De regreso en 1990.

Soñé que conducía doscientos quilómetros en vano.

Entonces, todo se agigantó. Gorriones enormes como gallinas

cantaban de modo ensordecedor.

Soñé que dibujaba teclas de piano

en la mesa de cocina. Tocaba sordamente en ellas.

Los vecinos acudían a escuchar.

VII

El clavicordio que calló durante todo

Persifal (aunque estaba escuchando) puede

al fin decir algo.

Suspiros... sospiri...

Mientras Liszt toca, esta noche, mantiene

apretado el pedal marino

para que la fuerza verde del mar suba a

través del piso y se una a todas las piedras

del edificio.

¡Buenas tardes, bello abismo!

La góndola cargada pesadamente de vida;

es sencilla y negra.

VIII

Soñé que llegaba tarde el primer día de clases.

Todos en el salón llevaban máscaras blancas

sobre el rostro.

Imposible decir quién era el maestro.

Nota: A fines de 1882, Liszt visitó a su hija Cosima y a su marido

Richard Wagner en Venecia. Wagner murió unos meses más tarde. Durante este período, Liszt compuso dos piezas para piano que se

publicaron bajo el título "Góndola fúnebre".

__________________________________________________________________________

Roberto Mascaró

Poeta, traductor de poesía, nacido en Uruguay. Autor de libros como estacionario (1983), Chatarra/Campos

(1984) Asombros de la nieve (1985), Gueto (1991), Södra Korset/ Cruz del Sur (1987), Öppet fält/Campo abierto

(1998), Campo de fuego (2000) y Montevideo cruel (2003). Ha publicado varios volúmenes con versiones

castellanas de poesía nórdica. Premio Internacional de Poesía Ciudad de Medellín 2002. Fundó y dirigió en

1980 la revista Saltomortal y la editorial Siesta. Actual director de la revista de literatura ENCUENTRO.

Organizador del anual "Encuentro de Poesía en Malmö", Suecia.

Mascaro@telia.com





Tomas Tranströmer

Deshielo a mediodía

III

CINCO ESTROFAS PARA THOREAU

Otro más abandonó el pesado

anillo de la ciudad de voraces piedras. Clara como la sal es

el agua que golpea todas las cabezas de

los verdaderos refugiados.

En lento remolino ha subido el silencio

hasta aquí desde el centro del mundo, a enraizarse y crecer

y con frondosa copa sombrear la escalera del hombre, entibiada

por el sol.

*

Negligentemente, el pie golpea una seta. La nube de tormenta

se agranda junto al borde. Como cuernos de cobre

las sinuosas raíces del árbol dan el tono, y las hojas

se dispersan temerosas.

La huida salvaje del otoño es su liviano manto,

flameando hasta que, otra vez, llegue la manada de días tranquilos

de helada y ceniza y bañen

las garras en la fuente.

Creído por nadie va el que vio un géiser,

huido de aljibe cegado, como Thoreau, y sabe

desaparecer en lo profundo de su verde interior,

astuto y esperanzado.

ELEGÍA

En el punto de partida. Como dragón caído

en algún pantano entre neblina y vaho, está

nuestra tierra costera vestida de bosque de pino. Allá lejos:

dos vapores que gritan desde un sueño

en la bruma. Este es el mundo inferior.

Bosque inmóvil, superficie de agua inmóvil,

y la mano de orquídeas que surge del pantano.

Al otro lado, más allá de esta senda,

pero flotando en el mismo espejeo: el navío,

que la nube ingrávida cuelga de su espacio.

Y el agua en torno a su cayado está inmóvil,

echada en calma. ¡Y aun así, truena!

Y el humo del navío se expande horizontal

—allí flamea el sol en su agarrón— y el soplo

golpea duro el rostro del que aborda.

Ascender hacia babor de la Muerte.

Una ráfaga súbita y la cortina ondea.

Suena el silencio cual despertador.

Una ráfaga súbita y la cortina ondea.

Hasta que se oye, lejana, golpear una puerta

lejos, en otro año.

¡Oh marcas grises como la túnica del hombre de Bocksten 1!

1 Hombre de Bocksten: restos de un hombre medieval muy bien preservados,

hallados en la municipalidad de Varberg, Suecia, en 1936. (N. del T

Y la isla que flota en el vapor del agua.

Hay calma como cuando el radar vira

en vueltas y vueltas, entregado.

Hay un cruce de caminos en un instante.

La música de las distancias ha confluido.

Todo creciendo hacia un árbol frondoso.

Ciudades perdidas brillan en su verdor.

De todas partes y de ninguna tocan

como los grillos en la oscuridad de agosto. Insertado

en el rebaño de troncos, se adormece aquí en la noche

el viajero asesinado en el pantano. La savia mueve

su pensamiento y sube hacia las estrellas. Y en lo profundo

de la montaña: aquí está la gruta de los murciélagos.

Aquí cuelgan los años, apretados los actos.

Aquí ellos duermen con las alas plegadas.

Un día estos volarán. ¡Un hervidero!

(En la distancia, algo como humo saliendo de la boca de la gruta.)

Pero aún rige el sueño del invierno estival.

En la distancia, rumor de aguas. En el árbol oscuro,

una hoja que se da la vuelta.

Una mañana de verano, el rastrillo del campesino se atasca

en huesos muertos y harapos de vestido. Así que él

yacía allí cuando drenaron la turbera

y ahora se yergue y anda su camino en la luz.

En cada distrito remolinea semilla dorada

en torno a vieja deuda. La calavera, blindada,

en un sembrado. Un peregrino en marcha

y la montaña siguiéndole con la mirada.

En cada distrito murmura el carcaj del arquero

a medianoche, cuando se abren las alas

y crece el pasado en su caída,

más oscuro que el meteorito del corazón.

Un alma apartada hace la escritura ávida.

Una bandera empieza a golpetear. Las alas

se abren en torno a la presa. ¡Este viaje altivo!

en que el albatros se hace viejo como nube

en la boca del Tiempo. La cultura es una estación

de caza de la ballena, donde el extraño, caminando

entre blancas vigas y niños que juegan,

percibe, sin embargo, a cada respiración,

la presencia del gigante caído.

*

Liviana, vuelve la bofetada de las esferas celestes.

La música, a nuestra sombra, inocente como

el agua de la fuente que sube entre animales salvajes,

artísticamente petrificada alrededor del chorro de agua.

Con las cuerdas disfrazadas de bosque.

Con las cuerdas como el aparejo del aguacero:

la lancha es azotada por los cascos de un aguacero

y en lo íntimo, en el atasco del giroscopio, alegría.

Esta tarde se refleja la bonanza del mundo,

cuando las cuerdas son instaladas, sin que nadie toque.

Inmóviles en la niebla, los árboles del bosque

y la tundra húmeda espejeando en sí misma.

La mitad muda de la música está aquí, como el olor

a resina anda en torno a ramas heridas por el rayo.

En cada hombre, un verano subterráneo.

En el cruce de caminos, una sombra,

y se aleja corriendo, siguiendo la trompeta de Bach.

La piedad inspira súbita cautela. Dejar

su disfraz de yo en esta playa

donde la ola golpea y se retira, golpea

y se retira.

de SECRETOS EN EL CAMINO (1958)

CASAS SUECAS SITUADAS AISLADAMENTE

Una confusión de ramas negras

y humeantes rayos de sol.

Aquí está hundida la cabaña

y parece sin vida.

Hasta que murmura la niebla matinal

y un anciano abre

—con mano temblorosa—

la ventana y deja salir un búho.

Y en otro punto cardinal

está la casa nueva humeando

con la mariposa de las sábanas tendidas

que flamean junto al propio nudo

de un bosque moribundo

donde la putrefacción lee

con gafas de savia

el protocolo de la termita.

Verano con lluvia de pelo pajizo

o con una sola nube de tormenta

sobre un perro que ladra.

La semilla golpea bajo la tierra

Voces inquietas, rostros

vuelan en los cables telefónicos

con rápidas alas encogidas

sobre leguas de tierras pantanosas.

La casa en una isla del arroyo

empollando sus piedras fundamentales.

Un humo continuo: son quemados

los papeles secretos del bosque.

La lluvia vira en el cielo.

La luz serpentea en el arroyo.

La casa del acantilado vigila

los bueyes blancos de la cascada.

El otoño, con una banda de estorninos,

mantiene al amanecer en jaque.

La gente se mueve con rigidez

en el teatro de pantallas de lámpara.

Dejadlos sentir sin angustia

las alas camufladas

y la energía de Dios

arrollada en la oscuridad.

LOS CUATRO TEMPERAMENTOS

Registrando, el ojo transforma los rayos solares en bastones policiales.

Y de noche: la bulla de una fiesta en el piso de abajo

sube como flores irreales a través del suelo.

Salgo a la llanura. Oscuridad. El vagón parece no moverse.

Un anti-pájaro graznaba a la ausencia de estrellas.

Arriba el sol albino, lanzando oscuras marejadas.

*

Un hombre como un árbol erguido con hojas crujientes

y un rayo en guardia vio al sol con hedor de bestia

que buscaba entre alas crepitantes sobre la isla de acantilados

del mundo, avanzando tras banderas de espuma por la noche

y el día, con blancos pájaros lacustres y ruidosos

en cubierta, y todos con pasaje hacia el Caos.

*

Basta con cerrar los ojos para oír claramente

el pequeño domingo de las gaviotas sobre la comarca interminable

[del mar.

Una guitarra comienza a abotonar el arbusto y la nube avanza

lentamente, como el trineo verde de la primavera tardía

—con la luz amarrada que relincha—

llega resbalando sobre el hielo.

*

Desperté con los tacones de la amiga golpeteando en el sueño

y, afuera, dos montones de nieve, como olvidados guantes del invierno,

mientras octavillas del sol se desplomaban sobre la ciudad.

El camino nunca tiene fin. El horizonte se apura hacia adelante.

Los pájaros sacuden el árbol. El polvo se marea en torno a las ruedas.

¡Todas las rodantes ruedas que contradicen la muerte!

SIESTA

Pentecostés de piedras. Y con lenguas crujientes...

La ciudad ingrávida en el espacio del mediodía.

Sepultura en luz hirviente. El tambor que acalla

los palpitantes puños de la eternidad cautiva.

El águila sube y sube sobre los que duermen.

Un sueño en que la piedra del molino se vuelve como el trueno.

Pasos del caballo con la venda en los ojos.

Los palpitantes puños de la eternidad cautiva.

Los que duermen cuelgan como péndulos en el reloj del tirano.

El águila planea, muerta, en las cascadas que fluyen del sol.

Y resonando en el tiempo —como el ataúd de Lázaro—

el ombligo que late, de la eternidad cautiva.

IZMIR A LAS TRES

Justo enfrente, en la calle casi vacía,

dos mendigos: uno sin piernas

es llevado en las espaldas del otro.

Estuvieron allí —como en un camino de medianoche un animal

queda cegado mirando fijamente a los faros del coche—

un instante y siguieron su camino;

se movían como muchachos en un patio de colegio,

rápidos sobre la calle mientras las miríadas de relojes

del calor del mediodía sonaban en el espacio.

El azul pasó resbalando por la rada, brillando.

El negro se agachó y encogió, observando, desde las piedras.

El blanco creció hasta ser tormenta en los ojos.

Cuando las tres de la tarde fueron pisoteadas bajo cascos

y la oscuridad palpitaba en la pared de la luz,

la ciudad se arrastraba a las puertas del mar

y relucía en el prismático del buitre.

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