Escritor por encargo

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domingo, 14 de octubre de 2012

Bernardo Hoyos: La voz de la cultura


                    Bernardo Hoyos (1934-2012)      


Inconscientemente, los seres humanos tenemos el sentido del oído bien desarrollado incluso desde antes de nacer. Por él nos llegan las percepciones del mundo externo, sensaciones, rumores, músicas y voces. Justamente el personaje del que tratan estas líneas, Bernardo Hoyos, el cronista cultural muerto el pasado jueves, se distinguía de entre todos sus rasgos de humanista, de igual manera por ser y tener, una voz única. No solamente nos referimos al sustantivo voz, hablando del medio de expresión hablada con un timbre y tono característicos para cada persona; también, en este caso particular lo usamos para metaforizar su actividad como representante y defensor de la cultura en Colombia.

Muchos colombianos lo tenían referido por ser el hombre de exquisito vestir, dicción precisa y elegante, buenas maneras y cultura desbordante, que en las noches de viernes disertaba junto a una joven y atractiva presentadora trigueña de sonrisa refulgente. Pero Bernardo Hoyos era mucho más que eso. Nacido en 1934 en el pueblo de Santa Rosa de Osos, patria chica del insigne poeta colombiano Porfirio Barba Jacob, Hoyos se crío en un momento crucial para su posterior desarrollo como periodista.

La Colombia de aquella época, años luz de la abrumadora tecnología contemporánea que permite hoy a cualquiera conocer de primera mano los hechos del mundo, se enteraba por las noticias que llegaban al país a través de la prensa escrita y sobre todo hablada, la radio. Por esas calendas las familias se reunían en torno al transistor a escuchar las transmisiones de eventos políticos, culturales o sociales, de viva voz por sus protagonistas. Los discursos de personajes de la política que la tradición conserva dentro de los mejores representantes del arte retórico, eran emitidos por la radio; también radionovelas, teatro radial, lecturas de obras clásicas, recitales de poesía y de música culta, forjaron todo este acervo estético y sonoro con que se crio el futuro periodista.
Luego de hacer estudios de derecho, Bernardo Hoyos viaja a Estados Unidos, Inglaterra y entonces retorna a Colombia. Sin embargo su paso por los estudios de la BBC, marcarían para siempre al maestro, como fue conocido siempre por su pulcra forma de comunicar con la palabra ―era miembro de la Academia Colombiana de la Lengua―, con sentido del humor, donaire, sencillez y cierta perplejidad en lo que comunicaba con entusiasmo. Bernardo Hoyos fue de los pocos periodistas formados con el rigor de escribir un libreto respetando sobre todo las estructuras y normas de la gramática. Sus citas pertinentes, sin pretensiones, y sin subestimar al oyente, estaban cargadas de su erudición, como pequeñas joyas que extraía de vastas y metódicas lecturas.



Su amor a la música, que confesaba le venía de crianza, se vio nutrido por su estancia en Europa y Norteamérica, donde pudo escuchar de primera mano las mejores orquestas del mundo por los mejores interpretes. Amante de la vida y obra de Johann Sebastian Bach, su vida podría ser contada, como en su novela preferida: En Busca del Tiempo perdido de Marcel Proust, de la que tenía varias ediciones en francés, lengua que como el inglés dominaba perfectamente, a partir de todas las sensaciones, músicas e imágenes que habitó y de las que seguramente se sintió parte integral.

Esa voz de terciopelo, en registro grave como los tonos bajos de un violonchelo ejecutando las suites de Bach, la escuchamos todos seguramente en algún momento. Desde que comenzamos a escuchar música, agradecimos tener del otro lado del micrófono un hombre educado en esas lides. Acotando prolijamente con alguna anécdota sobre la composición o interpretación de una pieza musical, entrelazándola con el cine, la pintura, la literatura o incluso las ciencias.

No interesará al hipotético lector de esta crónica, que quien escribe estas líneas cuente como fue su primer encuentro virtual con el maestro Bernardo Hoyos. Su programa Cine Arte de Caracol Televisión, comenzó a presentar películas de autor los viernes al borde de la medianoche. La primera del ciclo, fue esa rara joya de Ingmar Bergman hecha para la televisión sueca en 1997: En Presencia de un Payaso. Al terminar, invitaba a los televidentes a comunicar sus dudas o sugerencias vía telefónica al canal. Haciendo caso al consejo, y sabiendo que el maestro era director de la emisora HJUT de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, me comuniqué con la operadora, quien me remitió al encargado del programa. Al escuchar con atención la voz de aquel, descubrí que era ni más ni menos que El Maestro.

Transmitiéndole mi deseo de poder ver Amadeus de Milos Forman, lamentó no poder transmitirla por razones de producción. Siempre en forma amable y gentil. Entonces le pedí que emitiera en la emisora una rareza: la primera grabación eléctrica de Horowitz, del tercer concierto de Rachmaninov, en 1927. Al terminar la conversación, me sentí fascinado por haber podido escuchar esa voz mágica, como si la de un santo patrono hablando a su devoto, se tratara. Mágicamente, una semana después, por radio anunció la emisión de la obra en cuestión. Bueno, esa voz se apagó: esa es la vida. De ahora en adelante, le encenderé una vela al santo patrono de la cultura, Bernardo Hoyos. Que en paz descanse Maestro.   

   

Archivo Audio: Bernardo Hoyos

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