Escritor por encargo

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viernes, 8 de noviembre de 2013

Georg Elser, la historia de un héroe anónimo

Fuente: http://www.corbisimages.com
Georg Elser (1903-1945), un verdadero "héroe discreto", fotografiado en el campo de concentración de Sachsenhausen, donde fue prisionero de los nazis. 

Corre el año de 1939: el régimen de Adolf Hitler, sorprendentemente ha conseguido anexionarse los Sudetes Checos, e invadiendo Polonia, ha desatado nuevamente un segundo conflicto en el que Alemania está involucrado militarmente. Un humilde carpintero de nombre Georg Elser, comienza a urdir un plan para librar a su país del dictador que durante seis años, ha arrastrado a Alemania ad portas de una nueva guerra en un país empobrecido. Elser nacido en 1903, es de origen humilde; la situación de pobreza familiar, y un padre alcohólico, le obligan desde muy joven a ganarse el pan en oficios diversos. Pronto descubrirá en la carpintería la manera de hacer algún dinero de manera digna. Es un trabajador dedicado que invierte tiempo en sus trabajos; es también  un librepensador. Cuando asciende Hitler al poder, Elser comienza a ver con preocupación cómo las políticas autoritarias del Nacionalsocialismo, con sus espejismos estadísticos, como la reducción de los índices de desempleo y la reactivación de la maquinaria industrial alemana, empiezan a ganarse un lugar entre la gente del común. 

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                           Hitler recibiendo una calle de honor nazi por su guardia de corps de la SA

Muchos alemanes mostraban una franca repulsión al hombre que espoleaba a los conservadores y ultranacionalistas, en contra de comunistas y judíos. Friederich Reck, un prusiano culto, narra en un pasaje de sus memorias que en 1932, en una cafetería tuvo a unos pocos metros al petimetre de bigotito que andaba siempre con su guardia de corps por las calles de Múnich. Con un arma cargada, dada la situación de inseguridad de aquel entonces en la empobrecida Alemania, Reck, recordó que hubiera podido disparar a aquel hombre despreciable que parecía un personaje de tira cómica, y terminó pensando que era mejor no desperdiciar la bala en aquel petimetre ridículo.


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                         Cervercería muniquesa donde Hitler fundara el partido Nacionalsocialista

Volviendo al carpintero Elser, en 1938 empieza a trazar en su mente un plan para deshacerse de Hitler y sus secuaces. Cada año los nacionalsocialistas organizan la conmemoración del Putsch de Múnich de 1923; celebran el 8 y 9 de noviembre en la cervecería Bürgerbräukeller, cuando por poco consiguen dar un golpe de estado. Conociendo esto, Elser organiza su plan y alquila una habitación donde empieza a preparar los elementos que llevarán a la aniquilación del monstruo austriaco. Consigue armar el mecanismo de relojería para adosarlo a la bomba, así como de manera cinematográfica, logra ingresar a la cervecería donde Hitler dará su discurso de aniversario. Se oculta dentro del local, y ya entrada la noche,  trabaja solitario y sin cesar para ejecutar el atentado perfecto. Horada lentamente el pilar que sostiene la estructura, ocultando los restos en una maleta que lleva consigo. No hay manera de echar marcha atrás el curso de la historia. El mecanismo del reloj hará estallar la bomba, en el pilar cerca al proscenio donde el Führer dará su alocución. Todo parece salir con arreglo a los planes, sin embargo, en otro giro del destino a favor del tirano, el plan comenzará a naufragar. Los horarios que estaban calculados para el discurso se alteran por distintos factores: desde la invasión de Polonia hasta el clima al momento del despegue del avión. Finalmente Hitler y su séquito llegan a la cervecería. El acto termina antes de lo previsto, y casi un cuarto de hora luego de que el dictador abandone la Bürgerbräukeller, estalla la bomba.

Georg Elser huye de Alemania cerca a la frontera con Suiza, es detenido por una patrulla. En su maletín, las pruebas que lo incriminan con el atentado en Múnich, hace que lo deporten a Berlín. La Gestapo le tortura en extenuantes jornadas para que confiese que no ha actuado solo. Los nazis no salen de su asombro: no creen que un pobre diablo como Elser, un miserable carpintero haya tenido por instantes la Espada de Damocles para acabar con la dictadura nacionalsocialista, con el Reich que ha de durar mil años. En Sachsenhausen es encerrado en un calabozo para prisioneros políticos, donde son tenidos con vida por lo que representan para el Reich: propaganda e información valiosa de otras posibles conjuras. Las intenciones del Ministerio de Propaganda de Göebels pretendían juzgarlo tras la derrota de los aliados por parte del Reich, demostrando así al mundo entero, el aciago destino que les esperaba a los enemigos de Hitler. 

                                          Entrada al campo de concentración de Sachsenhausen

Elser estuvo preso durante toda la guerra en Sachsenhausen. Sin embargo corrió con el mismo destino de Freiderich Reck, el caballero prusiano al que nos referimos antes y que fue muerto de un disparo en la nuca en 1945, en el campo de Dachau, casi en las postrimerías de la debacle del régimen nazi. Allí el 9 de abril, George Elser, fue guillotinado por agentes de la Gestapo antes de que los aliados pudieran liberar el campo de concentración. Los nazis, hábiles en la eliminación sistemática de la memoria, sin embargo no pudieron enlodar la heroica gesta de Georg Elser, que como muchos otros alemanes dignos, estuvieron a punto de eliminar al nefasto bufón de bigote ridículo, que llevó a la muerte a millones de personas en todo el mundo, todo por un dogma absurdo.
  



  

sábado, 19 de octubre de 2013

El infierno de Pozzetto



El cerco policial a Campo Elías Delgado, terminó con la muerte del ex veterano del Vietnam tras la masacre


El día 4 de diciembre de 1986 fue horrendo para Bogotá y Colombia. Un ex marine y veterano de la Guerra de Vietnam de nombre Campo Elías Delgado, acribilló a los comensales de un distingido restaurante llamado Pozzetto. Las circunstancias no son claras. Se sabe que es un hombre transtornado por su experiencia en la guerra del Vietnam, una mala relación con su madre pues guardaba un gran resentimiento contra ella; también, su hastío por una experiencia vital llena de frustraciones, viviendo en un país donde el sueño de ser escritor profesional sigue siendo aun casi treinta años despúes, un disparate. El fascinante tema ha llevado a muchos autores, entre ellos Mario Mendoza y su libro "Satanás", a narrar este hecho, por lo demás sui generis en Colombia. Campo Elías Delgado (primer spree-killer de Colombia) y su masacre de Pozzetto es el personaje principal del libro. Movido por este interesante personaje, intenté un esbozo de relato de largo aliento que terminaría por convertirse en un cuento con visos de crónica titulado "Bienvenidos al infierno". Esta frase repetida varias veces por Campo Elías Delgado, esa noche, me pareció acertada como título. El relato pueden encontrarlo en mi libro El Hondo Pozo de la Noche que se puede adquirir en la web de la editorial, en libro físico y para cualquier lugar del mundo. 

Libro El Hondo Pozo de la Noche

Escuchar: Bienvenidos al infierno (cuento)







jueves, 10 de octubre de 2013

Nobel de Literatura 2013: Alice Munro

                               Anuncio del Premio Nobel de literatura 2013: www.nobelprize.org 


Como cada año en octubre, la Academia Sueca anuncia al mundo al ganador del Premio Nobel de Literatura. La galardonada este año ha sido la escritora canadiense Alice Munro de 82 años. Destacada en las historias cortas, por la que ha obtenido el premio, ha sido comparada con el ruso Anton Chejov. Munro nacida en 1931, impulsó el realismo de vanguardia en su país, cuando ya en Estados Unidos autores como Carson McCullers o Flanery O'Connor, experimentaban con esta corriente. Destaca en su obra el realismo psicológico y su acerada claridad narrativa. Entre sus obras pueden nombrarse Las Lunas de Júpiter, Secretos a Voces y su novela Historia de la Vida de las Mujeres. Así, los lectores amantes de la narrativa corta, pueden respirar tranquilos.

Alice Munro: Las Lunas de Júpiter


miércoles, 25 de septiembre de 2013

Reseña de El Heroe discreto de Mario Vargas Llosa



El Héroe discreto es la última novela de Mario Vargas Llosa premio Nobel de literatura 2010. Hallar la excelencia en tiempos de prolijidad literaria, es algo que resulta cada vez más difícil. Existe un consenso más o menos unánime, al considerar dentro de los autores de mayor relevancia en la escena literaria actual, al peruano Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936). Su carrera ascendente desde la publicación de La Ciudad y los Perros (premio Rómulo Gallegos y Biblioteca Breve), hasta su último libro El Héroe discreto (Alfaguara, 2013), ha demostrado que el peruano es un autor de grandes ligas, dispuesto a dar cara a las empresas narrativas de aliento mayor, donde se intersecan como en una composición polifónica renacentista, distintas voces y tiempos, lo que lo convierte en un escritor de oficio buscado en las estanterías de las librerías de todo el mundo.

Si bien quien escribe estas líneas está acostumbrado a las novelas de tema histórico o de carácter más bien atemporal como El Sueño del celta (2010) o su magnífica La Fiesta del Chivo (2000), no puede desconocer, ante todo, la maestría técnica y la orfebrería de un escritor de taller, que sale con su pelo lleno de virutas luego de poner punto final a cada libro. En ésta última novela Vargas Llosa aleja el foco de los asuntos de carácter universal y se sumerge de nuevo en los asuntos de su Perú natal. El Héroe discreto narra las vicisitudes de Felícito Yanaqué, transportista de origen humilde y propietario de una empresa de transportes en Piura. Hombre probo, ético y abnegado jefe de hogar, convive con una esposa más bien glacial y beata, con la que tuvo dos hijos (un Abel y un Caín bastardo). 


                                               Plaza de Armas de Piura, Perú


Ante la frialdad de su esposa, Felícito busca en los encantos de Mabel, una morena exótica, la pasión sexual negada por su esposa. Todo parece ir bien hasta que comienzan a llegar unos anónimos donde se le exige una suma por parte de unos extorsionistas, para permitir que su negocio avance sin sobresaltos. Felícito, siguiendo la máxima de su difunto padre, jura que no dará un céntimo a esos canallas que lo quieren pisotear. La remisión de estas cartas se hacen cada vez más frecuentes, con la curiosa característica, que van firmadas con el dibujo de una simpática arañita de cinco patas.

Paralela a esta historia, se nos cuenta la de Rigoberto (mismo personaje de otra de sus novelas) quien es empleado de una compañía aseguradora en Lima y quien vive con su segunda esposa y su hijo adolescente, Fonchito. Su jefe, Ismael, es un hombre octogenario, viudo y multimillonario, que quiere hacer uso de buen retiro; sin embargo sus dos hijos, «Las hienas», son la misma encarnación de Caín. Se entera durante una recuperación de un infarto en la clínica, que los dos crápulas fraguan contra él su pronta eliminación para hacerse cargo de la jugosa herencia familiar. Las dos parejas: Rigoberto y su esposa e Ismael y Armida ―su ex empleada, con quien el millonario decide casarse para cobrar así su venganza contra sus hijos―, se hacen casi confidentes. Estos capítulos van sazonados, como un buen ceviche por mano del escritor, con la constante aparición a Fonchito, de un extraño personaje, Edilberto Torres que irá llevando el hilo conductor del personaje adolescente.




Dentro de los aspectos interesantes del libro, destacan la estructuración dentro de la narración de otros personajes como Lituma, el sargento de otra de las obras del Nobel peruano, hilado hábilmente en el desarrollo de los vericuetos policiacos de la novela. También las reflexiones eruditas por boca de Rigoberto, sobre música, arte y otros detalles de un personaje que se revela como un verdadero bon vivant. Uno de los rasgos particulares de la novela y que a nuestro parecer eclipsan un poco la narración, es el abuso de Vargas Llosa del habla piurana con los consabidos «che guá», que como las moscas surgen en algunas escenas de El Héroe discreto, hostigan al lector al punto de hacerlo casi desistir de la lectura. 

El color local excesivo, sobre todo en la historia piurana de Felícito Yanaqué (alter ego de un noble y abnegado padre hipotético, que nunca tuvo el autor), saturan como el clima feroz y pegajoso de la ciudad, empapando la camisa del lector con dejos y modismos. El final abrupto y como salido de una modesta crónica de tabloide vespertino, no deja claros enigmas construidos por el lector a lo largo de toda la novela como la aparición del tal Edilberto Torres (¿fantasmagoría, personaje real, charada literaria?), dejando un sabor agridulce en la boca, pensando que quizá estamos lejos de leer un MarioVargas Llosa con la verdadera grandeza épica de sus obras cumbres, que le hizo acreedor del Nobel por su «la cartografía de las estructuras de poder y aceradas imágenes de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo.» Una novela más preocupada por entretener que por elevar al lector.


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lunes, 23 de septiembre de 2013

De poética memoria: réquiem por Álvaro Mutis


                                                            Álvaro Mutis (1923-2013)


La muerte fue una de sus mayores obsesiones poéticas. Ha muerto en ciudad de México, Álvaro Mutis, con noventa años, casi bordeando la centuria. Había nacido en Bogotá en 1923, en agosto y murió en setiembre un día 23, como el año de su nacimiento (la poética y ominosa trinidad). Fue uno de los últimos monarquistas ―su poema Funeral en Viana es fiel reflejo de ello―, en un mundo en el que se defenestran reyes y príncipes; solía decir que la caída de Constantinopla fue el acontecimiento más aciago de Occidente. Por supuesto detestaba el comunismo y ese embeleco político de una urna llena de papeles blancos llamado democracia. Su infancia se movió entre Bruselas y luego, en la finca familiar de Coello en el Tolima colombiano, paisaje pletórico de verdor, de aromas, de rumores, de un cerúleo cielo y un clima telúrico como aliento de fuego de la tierra. Fue ese paisaje justamente el que empezaría a perfilar su poética. Sus nocturnos y poemas dedicados a la vastedad del paisaje feral del Tolima grande, sería su sello personal. Tanto arraigo tuvo por esta memoria geográfica, que llevó para su casa en ciudad de México una mata de plátano para evocar sus raíces cada vez que se asomaba a la ventana. Mutis tuvo una vida digna de un novelista: periodista, locutor ―voz institucional de la Radio Nacional de Colombia y la HJCK, quijotada de su amigo íntimo Álvaro Castaño Castillo―, «coracero en Valmy, farmaceuta ambulante en el Chicamocha» y publicista, tuvo un embrollado asunto oscuro con la ESSO lo que había de llevar con sus huesos a la Cárcel de Lecumberri, donde escribiría un testimonio sobre estos sórdidos lugares de la desdicha humana.
Novelista prolijo, deja una saga protagonizada por su alter ego marinero como Conrad y Melville, Maqroll el gaviero. Su poesía tiene un comienzo signado por la ceniza. En 1948, el 8 de abril sale la primera edición de su primer poemario; al otro día, se verá consumida totalmente por la gracia de los incendios etílicos de la turba enceguecida de odio, azuzado por la muerte de Jorge Eliécer Gaitán. Desde los años cincuenta residía en México donde trabó amistad con su intelectualidad: Paz, Poniatowska, Arreola, Fuentes y por supuesto donde fue vecino del premio Nobel colombiano. En Lecumberri, trazó un borrador sobre El Libertador, del que antes de entregarlo al fuego saldría un relato: El último rostro; luego, entrega generosamente las notas acumuladas durante su trabajo de investigación a García Márquez para que escriba la novela El General en su laberinto. Varios premios distinguen su solapa como flores que se marchitan; aunque el propio Mutis dijo que en realidad los libros son los que deben vivir su vida y los premios dados al poeta son meros hechos accidentales. Un poeta no se puede cartografiar por uno o dos textos, sin embargo, como los hijos, son imágenes, reflejos genéticos que tienen sus propios rasgos.



NOCTURNO
                   
(Los trabajos perdidos)

Esta noche ha vuelto la lluvia sobre los cafetales.
Sobre las hojas de plátano,
sobre las altas ramas de los cámbulos
ha vuelto a llover esta noche un agua persistente y vastísima
que crece las acequias y comienza a henchir los ríos
que gimen con su nocturna carga de lodos vegetales.
La lluvia sobre el cinc de los tejados
canta su presencia y me aleja de sueño
hasta dejarme en un crecer de las aguas sin sosiego,
en la noche fresquísima que chorrea
por entre la bóveda de los cafetos
y escurre por el enfermo tronco de los balsos gigantes.
Ahora, de repente, en mitad de la noche
ha regresado la lluvia sobre los cafetales
y entre el vocerío vegetal de las aguas
me llega la intacta materia de otros días
salvada del ajeno trabajo de los años.

 La muerte de Matías Aldecoa

  (Del libro "Los trabajos Perdidos", 1965)

 Ni cuestor en Queronea,
 ni lector en Bolonia,
 ni coracero en Valmy,
 ni infante en Ayacucho;
 en el Orinoco buceador fallido,
 buscador de metales en el verde Quindío,
 farmaceuta ambulante en el cañón del Chicamocha,
 mago de feria en Honda,
 hinchado y verdinoso cadáver
 en las presurosas aguas del Combeima,
 girando en los espumosos remolinos,
 sin ojos ya y sin labios,
 exudando sus más secretas mieles,
 desnudo, mutilado, golpeado sordamente
 contra las piedras,
 descubriendo, de pronto,
 en algún rincón aún vivo
 de su yerto cerebro,
 la verdadera, la esencial materia
 de sus días en el mundo.
 Un mudo adiós a ciertas cosas,
 a ciertas vagas criaturas
 confundidas ya en un último
 relámpago de nostalgia,
 y, luego, nada,
 un rodar en la corriente
 hasta vararse en las lianas de la desembocadura,
 menos aún que nada,
 ni cuestor en Queronea,
 ni lector en Bolonia,
 ni cosa alguna memorable






Funeral en Viana


In memoriam Ernesto Volkening


Hoy entierran en la iglesia de Santa María de Viana
a César, Duque de Valentinois. Preside el duelo
su cuñado Juan de Albret, Rey de Navarra.
En el estrecho ámbito de la iglesia
de altas naves de un gótico tardío,
se amontonan prelados y hombres de armas.
Un olor a cirio, a rancio sudor, a correajes
y arreos de milicia, flota denso en la lluviosa
madrugada. Las voces de los monjes llegan
desde el coro con una cristalina serenidad sin tiempo:

Parce mihi, Domine,
nihil enim sunt dies mei.
¿Quid est homo, quia magnificas eum?
¿Aut quid apponis  erga eum cor tuum?

César yace en actitud de leve asombro,
de incómoda espera. El rostro lastimado
por los cascos de su propio caballo
conserva aún ese gesto de rechazo cortés,
de fuerza contenida, de vago fastidio,
que en vida le valió tantos enemigos.
La boca cerrada con firmeza parece detener
A flor de labio una airada maldición castrense.
Las manos perfiladas y hermosas, las mismas
le su hermana Lucrezia, Duquesa d’Este,
detienen apenas la espada regalo del Duque de Borgoña.
Chocan las armas y las espuelas en las losas del piso,
se acomoda una silla con un apagado chirrido
de madera contra el mármol, una tos contenida
por el guante ceremonial de un caballero.
Cómo sorprende este silencio militar y dolorido
ante la muerte de quien siempre vivió
entre la algarabía de los campamentos,
el estruendo de las batallas y las músicas
y risas de las fiestas romanas. Inconcebible
que calle esa voz, casi femenina, que con el acento
recio y pedregoso de su habla catalana,
ordenaba la ejecución de prisioneros,
recitaba largas tiradas de Horacio
con un aire de fiebre y sueño o murmuraba
al oído de las damas una propuesta bestial.
Qué mala cita le vino a dar la muerte a César,
Duque de Valentinois, hijo de Alejandro VI
Pontífice romano y de Donna Vanozza Cattanei.
Huyendo de la prisión de Medina del Campo
había llegado a Pamplona para hacer fuerte
a su cuñado contra Femando de Aragón.
En el palacio de los Albret, en la capital de Navarra,
se encargó de dirigir la marcha de los ejércitos,
el reclutamiento y pago de mercenarios,
la misión de los espías y la toma de las plazas fuertes.
No estaba la muerte en sus planes.
La suya, al menos. A los treinta y dos años
muy otras eran sus preocupaciones y vigilias.
Frente a Viana acamparon las tropas de Navarra.
Los aragoneses comenzaban a mostrar desaliento.
Sin razón aparente, sin motivo ni fin explicables,
el Duque salió al amanecer, en plena lluvia,
hacia las avanzadas. Le siguió su paje Juanito Grasica.
En un recodo perdió de vista a César.
Una veintena de soldados del Duque de Beaumont,
aliado de Fernando, cayó sobre el de Valentinois.
La lluvia les había permitido acercarse.
Él sólo pudo verlos cuando ya los tenía encima.
Entre los presentes en la iglesia de Santa María,
persiste aún la extrañeza y el asombro
ante muerte tan ajena a los astutos designios de César.
Los oficiantes oran ante el altar y el coro responde:

Deus cui propium est misereri,
semper et parcere, te supplices
exoramus pro anima famuli tui
quam hodie de hoc sæculo migrare iussisti.

Los altos muros de piedra, las delgadas columnas
reunidas en haces que van a perderse
en la obscuridad de la bóveda, dan al canto
una desnudez reveladora, una insoslayable evidencia.
Sólo Dios escucha, decide y concede.
Todos los presentes parecen esfumarse
ante las palabras con las que César, por boca
de los oficiantes, implora al Altísimo un don
que en vida le hubiera sido inconcebible: la misericordia.
El perdón de sus errores y extravíos no fue asunto
para ocupar ni el más efímero instante de sus días.
Sin sosiego los días de César, Duque de Valentinois,
Duque de Romaña, Señor de Urbino.
¿De qué fuente secreta manaba la ebria energía
de sus pasiones y la helada parsimonia de sus gestos?
Los hombres habían comenzado a tejer la leyenda
de su vida sin esperar a su muerte. Algo de esto
llegó alguna vez a sus oídos. No se marcó
el más leve interés en sus facciones.
Una humedad canina se demora dentro de la iglesia
y entumece los miembros de los asistentes.
El desnudo acero de las espadas
y de las alabardas en alto despide una luz pálida,
un nimbo impersonal y helado. Los arreos de guerra
exhalan un agrio vaho de resignado cansancio.

Requiem æterna dona eis, Domine;
et lux perpetua luceat eis.
In memoria æterna erit iustus:
ab auditione mala non timebit

El Rey Juan de Navarra mira absorto
las yertas facciones de su cuñado
por las-que cruza, en inciertas ráfagas,
la luz de los cirios. Vuelven a su memoria
los consejos que días antes le daba César
para vencer las fortificaciones aragonesas;
la precisión de su lenguaje, la concisa sabiduría
de su experiencia, la severa moderación de sus gestos,
tan ajena al febril desorden de su rostro
en las interminables orgías de la corte papal.
Hoy cuelgan a Ximenes García de Agredo,
el hombre que lo derribó del caballo con su lanza.
Su rostro conserva todavía el pavor
ante  la felina y desesperada defensa del Duque.
Ya en el suelo y al tiempo que lo acribillaban
las lanzas de sus agresores, aún tuvo alientos
para increparlos: «¡No sou prous, malparits!»
Hoy parte Juanito Grasica para llevar la noticia
a la corte de Ferrara. Imposible imaginar el dolor
de Donna Lucrezia. Se amaban sin medida.
Desde niños, comentaba César en días pasados
al recibir en Pamplona un recado de su hermana.
Termina el oficio de difuntos. El cortejo
va en silencio hacia el altar mayor,
donde será el sepelio. Gente dei Duque
cierra el féretro y lo lleva en hombros
a[ lugar de su descanso.
Juan de Albret y su séquito asisten
al descenso a tierra sagrada de quien en vida
fue soldado excepcional, señor prudente y justo
en sus estados, amigo de Leonardo da Vinci,
ejecutor impávido de quienes cruzaron su camino,
insaciable abrevador de sus sentidos
y lector asiduo de los poetas latinos:
César, Duque de Valentinois, Duque de Romaña,
Gonfaloniero Mayor de la Iglesia,
digno vástago de los Borja, Milá y Montcada,
nobles señores que movieron pendón
en las marcas de Cataluña y de Valencia
y augustos prelados al servicio de la Corte de Roma.
Dios se apiade de su alma.


viernes, 20 de septiembre de 2013

Mario Vargas Llosa: entre la ambivalencia moral y la llaneza del estilo

                    Vargas Llosa recibiendo del rey Carlos XVI Gustavo de Suecia, el Nobel de literatura


Una de las primeras novelas del Boom, La Ciudad y los Perros, del joven escritor de veintitrés años egresado de la Facultad de literatura de la universidad de San Marcos en Lima, Mario Vargas Llosa, empieza a trazar las líneas maestras de la nueva corriente realista de la novela latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX. El novelista, quien a través de su vida tuvo una pugna kafkiana con su padre, un hombre al que de acuerdo con el testimonio de su madre ―que prefigura de alguna manera la cosmología literaria del futuro escritor―, había muerto siendo él muy pequeño, ve signado su destino al ser forzado a ingresar al Colegio Militar Leoncio Prado, para que según el padre, se quitara esas ideas de marica de la cabeza, a fuerza de un espartano programa de estudios mezclados con el rigor militar del centro educativo. Perú pasaba por ese entonces principios de los años cincuentas, por la férrea dictadura del general Odría.

                                             Vargas Llosa en París a comienzos de los sesentas
                                              http://www.mvargasllosa.com/crono_varios.htm

Entre la ferocidad de las órdenes marciales cotidianas, el joven cadete Varguitas comienza a prefigurar su obra maestra con los personajes que le rodean en el internado. Un bravucón ejerce bullying en el muchacho arequipeño; según el novelista, este fue el carácter perfecto para perfilar al Jaguar. Este aluvión de recuerdos de su Perú natal, de la amargura en las profundidades y del hostil universo de poderes crecientes entre sus compañeros de adolescencia en esa atmósfera castrense del internado, permitió que exorcizara al fin aquella herida abierta en esa novela descarnada, y sobre todo, tremendamente realista que ganara varios premios por su estilo deslumbrante.

Mario Vargas Llosa, sí se me permite el sacrilegio, está lejos de ser un escritor innovador. Dueño de una técnica prodigiosa innegable, es capaz de entramar diferentes tiempos dentro de una descripción o línea de uno de sus personajes; las intervenciones de sus narradores recuerdan al narratario la eficacia en el estilo de Hugo, Balzac, Camus, Malraux y su santo patrono Flaubert. Heredero de la novela realista francesa con Flaubert a la cabeza ―es conocido su texto La Orgía Perpetua en el que hace una hagiografía de su héroe literario―, ha confesado que intenta sobre todo, ser verosímil al momento de contar una historia: es un flaubertiano consumado. A Vargas Llosa no le interesa experimentar con lenguajes distintos o estilos confusos, y menos, crear como Kafka, Joyce, Borges o García Márquez universos literarios con profusión barroca. Es inútil esperar en sus novelas un adjetivo o un sustantivo inefable y deslumbrante, como sucede por ejemplo en García Márquez; Vargas Llosa prefiere la concisión, la precisión quirúrgica de un escritor obsesionado con la técnica antes que con la pirotecnia del verbo.


                            El escritor durante un debate con Fujimori a comienzos de los noventas

Denostado por muchos por representar los ideales de la doctrina neoliberal, luego de militar en las filas de la izquierda en sus primeros años europeos, hizo su conversión hacia el centro-derecha, coincidencialmente por las mismas épocas de un escabroso incidente con el escritor de Aracataca en Ciudad de México, cuándo le asestara un soberbio puñetazo que los distanció por completo. Quizá esa faceta camaleónica de libertario apasionado que se esconde tras un orador vehemente por la política, la economía y los fenómenos de la sociedad, lo han hecho ver ante muchos como un hipócrita y un ciego moral en términos políticos. Los electores peruanos, lanzando por supuesto, una teoría hipotética del psicoanálisis de masas, pudieron haberle cobrado esa “traición” a los idearios del socialismo eligiendo a un siniestro dictadorzuelo de origen japonés, que dirigió con mano de hierro los destinos de la nación inca durante los noventas. Sin embargo, como el escritor mismo dice, los regímenes tanto de derecha como de izquierda, son siempre susceptibles de constreñir los derechos humanos, lográndolo la mayoría de las veces sin esfuerzo.       

A partir de su novela relativamente reciente, La Fiesta del Chivo, que muchos consideran junto a Conversación en La Catedral, La Guerra del Fin del Mundo y La Ciudad y Los Perros, como una de sus obras fundamentales, su estilo ha oscilado entre el deslumbramiento ante el arte consumado de un narrador efectivo y un ensayista preocupado más por el mundo contemporáneo que por lo eminentemente literario como sucedió con su libro La Tentación de lo Imposible sobre Los Miserables de Víctor Hugo. Al analizar fenómenos como la sociedad contemporánea en La Civilización del espectáculo, Vargas Llosa se muestra ciertamente ingenuo en diseccionar ciertos asuntos que no le competen a su oficio literario.




La concesión del premio Nobel de literatura en 2010, en el que huelga decir tuvo mucho peso su postura política ante lo eminentemente estético; cosa que en los recientes premios, infortunadamente ha brillado por su ausencia, a excepción del gran poeta sueco Tomas Tranströmer, al cual se le otorgó el premio por su larga carrera dedicada a la lírica, ausentándose de emitir juicios políticos dada su condición de mudez.  Sus novelas tienen como rasgo principal una eticidad, una concepción amoral de un mundo en el que sus personajes se ven condenados a fracasar sistemáticamente al intentar cambiarlo. Esto es un evidente rasgo de su febril ambición realista. Se puede rastrear la rebelión ante el orden establecido en los argumentos y caracteres de sus novelas y personajes. 

El Sueño del Celta, cuenta la historia de Roger Casement, activista en pro de los derechos de los esclavos africanos y trabajadores de las caucheras en Sudamérica, ejecutado por la corona británica bajo sospecha de rebelión soportando a los rebeldes irlandeses del Sinn Fein, además de sus agravantes rumores de sodomía; en El Héroe discreto (2013), Don Rigoberto, figura a trasluz del protagonista de una historia donde el un tal Felícito Yanaqué es extorsionado por un grupo criminal peruano, en una valiente decisión moral e individual que prefigura su destino. Se puede decir cualquier cosa de Vargas Llosa, menos que traiciona la estética realista de la novela francesa del diecinueve. En alguna ocasión el escritor dijo, que la frase de Flaubert: «Madame Bovary c’est moi», podía aplicársele a él, perfectamente. 

martes, 17 de septiembre de 2013

Ser escritor en Colombia o la utopía de la locura

                                                    En Colombia se leen 1.9 libros por año

Los recientes éxitos de la literatura colombiana, han puesto sobre la palestra el fenómeno de la comercialización de nuevas obras y autores. Puntualmente, Juan Gabriel Vázquez con su novela El ruido de las cosas al caer, ganó inicialmente el premio Alfaguara de novela ―misma casa matriz con la que tiene contrato de exclusividad― y posteriormente el premio Gregor Von Rezzori. Este éxito literario no habría sido posible sin la intervención de los buenos oficios comerciales y publicitarios de la casa editorial. Si bien estos indicadores pueden sugerir la buena salud de la que goza la narrativa colombiana en el mundo, también baraja inquietantes preguntas a las que nadie quiere responder, o mejor, que se eluden olímpicamente por los periodistas sobre todo, a la hora de tocar el tema de la publicación en Colombia.

Colombia tiene uno de los índices de más baja lectura en América Latina. (No quiero hablar de estadísticas porque no soy experto). Muchos achacan este hecho al alto costo de los libros: en promedio en una librería bogotana puede encontrarse un título oscilando en los 20 a 30 dólares; un salario mínimo diario es aproximadamente la tercera parte de éste valor. La ecuación demuestra que un empleado promedio puede comprar con los 320 dólares que recibe de sueldo, un libro mensual, con algún esfuerzo. Así, el mercado del libro cierra el círculo cada vez más, estrechando los alcances de las clases pobres, es decir, en el lenguaje del DANE, la clase inmediatamente inferior a la media.

Sin escritores no existirían los libros. Tampoco sin lectores. Este círculo se nutre cada vez que alguien escribe, así como cuando alguien abre las páginas de un libro. Sin embargo, el proceso que separa el ya titánico trabajo de escribir la obra, hasta que un lector ve el libro en el estante, es una verdadera odisea. En primer lugar gran parte de las editoriales, o hacen parte de un monopolio industrial, o bien, constituyen el capital de propietarios necesitan recuperar la inversión implicada en la producción del libro. Para los autores noveles, a los que se nos cierran consuetudinariamente las puertas y ventanas de las editoriales, nos sucede algo parecido al fenómeno comercial del lector sin capacidad de compra del producto acabado. En este complejo proceso entran en juego, desde la calidad de la obra que se pone a juicio del editor, pasando por la hoja de vida del autor y su palmarés literario, hasta factores no menos importantes como la calidad del papel, la diagramación y el tiraje inicial. Personalmente, mi experiencia con la editorial Oveja Negra, que tras meses de espera por la evaluación del manuscrito, me pidió una inversión inicial de cerca de cuatro millones de pesos para poner en marcha la edición y ver así el libro en mis manos.



                                        30% de los hogares colombianos no tienen libros


La alternativa que queda es entonces el árido y espinoso camino de la autoedición. Venturosamente, un proyecto que lleva unos tres años en Colombia, impulsado por Editorial Magisterio, www.autoreseditores.com, ofrece la oportunidad a escritores nóveles o no, de publicar de manera gratuita en su página. Allí me hallé con la fortuna de poder editar de manera muy sencilla mi obra y ponerla en la librería. Los usuarios se registran y pueden pedir la impresión a partir de un ejemplar hasta 1000 o incluso más. De este modo se cierra la brecha impuesta por los monopolios de la industria del libro en Colombia, que no nos digamos mentiras, muchas veces tienen un tufillo de burocracia y que recuerda las maniobras de nepotismo con que el papa Sixto IV favorecía a algunos miembros de su cohorte pontificia.

Pero como dice el refrán popular, de eso tan bueno no dan tanto. Aunque loable, la autoedición limita al autor una difusión exclusiva de su obra; como no sucede con un contrato que se firma con un editor de gran prestigio. Una vez el libro es un producto acabado, inicia la tarea quizá más difícil: darlo a conocer. Puede tener grandes cualidades estéticas, y su autor hacer alarde de una pluma de alto vuelo, pero sin el impulso comercial y publicitario con que cuentan gigantes como Planeta o Alfaguara, filial del Grupo Prisa, con toda una vasta red de medios a su disposición, el libro puede verse condenado al cieno del fracaso editorial.


Ha habido casos donde el azar juega una partida a favor de los autores. Casos puntuales: la concesión del premio Nobel de literatura en el año 2012 o 2008, con Mo Yan y Herta Muller respectivamente. Sus libros, al menos en países lengua diferente a la de los escritores, acumulaban polvo en las bodegas de sus respectivos editores. El boom del premio, hizo que inmediatamente salieran a una segunda vida los ejemplares, convirtiendo un fiasco editorial en un verdadero fenómeno de ventas y reediciones. La literatura, dijo John Steinbeck es un oficio mucho más incierto que las carreras de caballos. Quienes nos decidimos a vivir de escribir, nos embarcamos en la stultifera navis en pos de una quijotada mayúscula, sin saber si lo que espera es un naufragio o la feliz llegada a buen puerto. Es la utopía de una locura. 

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Charla con Ricardo Cano Gaviria



                                                      Ricardo Cano Gaviria, (Medellín 1947) 


El Facebook, esa invención de la utopía humana por reunir nuestra feroz disparidad de caracteres en una pantalla, a veces puede ser un espacio de comunión estética. Por qué no. Una tarde, hace un par de años estando conectado en la calidez del hogar, mientras arreciaba sobre Bogotá la lluvia, pensaba en alguna epifanía literaria en forma de un post o imagen compartida por alguno de mis contactos. En el listado estaba el nombre del escritor Ricardo Cano Gaviria. Es una de las plumas más serias y comprometidas con este oficio al que Flaubert se refería como una suerte de apostolado marcial; uno de esos autores que en realidad hacen literatura como correspondería hacerlo a todo escritor: por y para la estética.


El primer encuentro con su nombre lo tuve a través de un texto crítico sobre la literatura colombiana. Me refiero por supuesto a la real literatura, es decir un ejercicio estético de escritura que descubre nuevos símbolos y significados del mundo conocido hasta el hartazgo; ese que nos deja ver la vida del otro lado del espejo, reflexionando sobre nuestras conciencias más que con la lente puesta en mercados y ferias comerciales, con libros manidos sobre los temas que convierten verdaderos bodrios en best-sellers.


                                                                 Una lección de abismo 

Ricardo Cano Gaviria, para los críticos conocedores de la literatura colombiana, no necesita presentación. Es un autor perteneciente a la generación contemporanea al nadaismo, pero que supo tomar la distancia prudente para conseguir su propio estilo. Prytaneum y Una lección de abismo, son dos de sus novelas más representativas. Esta última la encontré por azar en un mercado de rebajas del centro de Bogotá. Novela de corte epistolar con evocaciones al crepúsculo de la belle epoque y con ecos proustianos de remembranzas líricas, que laten en los modos y pensamientos de los personajes. Las criaturas narrativas intercambian misivas y reconstruyen la memoria en el mejor estilo de la medida y exquisita prosa yourcenariana de Memorias de Adriano.   

Saludé al escritor separados por el océano cibernético. Cano Gaviria en Barcelona y yo en Bogotá, sentado ante una pantalla impersonal, comenzamos a discurrir sobre literatura. No tuve la intención de hacer una entrevista; casi al final del chat (palabreja que en inglés quiere decir parloteo, verborrea, coprolalia, charla escatológica), se me ocurrió la idea. Ya era tarde. En otra ocasión, quien sabe, si sea posible conversar nuevamente con un escritor de su experiencia. 

                              

                                                 
                                Conversación con Ricardo Cano Gaviria en Facebook

-Maestro gusto saludarlo gracias por aceptar

RCG:¿es para mi?

-Si señor, usted es escritor no?

RCG: Casi se me cae el sombrero del susto

-"Una lección de abismo"...es suyo

RCG: Mismamente

-Lo leí, muy buen libro

RCG: Muchas gracias... ¿estas en la universidad?

-Yo soy un escritor aficionado, demasiado aficionado diría, aficionado de profesión

RCG: Todos deberíamos ser escritores aficionados, así no andarían tan mal las cosas--

-Me interesa la novela histórica, pero para ser franco no creo en la academia

RCG:¿Pero qué es la novela histórica? Todas las novelas son históricas...

-Me interesa el Bogotazo sobre todo, creo que puede hacerse algo nuevo en ese tema tan trillado...

RCG: Si, habría que intentar algo... Sin embargo me parece que hace poco se escribió una novela en Colombia sobre ese asunto...

-Es cierto, todas las historias debería figurar en los libros de texto, pero el género como tal me interesa. El crimen del Siglo, de Miguel Torres será esa, maestro

RCG: Mira, Rojo y negro es una novela histórica. En ese sentido, me gusta la novela histórica. Pero no en el sentido de novelar a un señor determinado... Si, creo que es esa, el crimen del siglo,  ¿la leiste?

-Claro, de acuerdo, me interesa la psicología del personaje

RCG: Sthendal fue muy bueno en eso... ¡Cómo penetra en la mente de Julian Sorel! Creo que fue el iniciador. Hay que volver a los fundadores...

-Me parece una concepción al estilo de Dostoievsky con Raskolnikov la que hace Miguel Torres, pero creo que le personaje de Roa Sierra tiene más matices que se pueden aprovechar. El gran maestro Germán Espinosa hablaba maravillas del Rojo y Negro de Sthendal, no la he leído

RCG: Yo no la he leido (se refiere a la novela el Crimen del Siglo), aqui en España no se consigue... Pues ve corriendo y cómprala (Rojo y Negro), es un tratado de historia y de buen hacer literario...

-Se refiere al crimen del Siglo? cierto, no se consigue allá

RCG: Si,  lo tengo ern la lista para cuando vaya a Colombia...

-Me gustaría poder tomarme un tinto con usted
y hablar de literatura

RCG: Yo encantado... Pero habra que esperar al próximo viaje que no se cuándo será.

-Tengo un amigo que tiene una librería en la 45 con 20 Duván Carvajal... cuando venga lo invito... maestro

RCG: Dile que pida La puerta del infierno, a ver si vende algún ejemplar.

-Jaja, claro q si, usted es un gran escritor;
tengo una duda, maestro

RCG: Gracias por lo piropos, pero si opino se me cae el sombrero---

-En que se inspiró para escribir la leccion de abismo, ¿novela espistolar, historia?; tiene mucho de la francia de la primera guerra, me parece que el tiempo es anterior a la guerra, en fin tengo tantas preguntas, ¿podría enviarle algo a su correo para que me de su opinión? un texto mio, muy mal escrito desde luego

RCG: Tiene de las dos cosas... Tambien es novela histórica, solo que desde una interioridad algo retorcida... Por decirlo asi, la histeria del personaje es tambien histórica...
...Claro, mira mi direccion en mi perfil y escríbeme, estaré encantado

-Pero los personajes salen de algún libro o película, no sé, me gustó mucho ese tipo de novela ya no se hace....

RCG: Los personajes salen de mi cabeza, aunque hay influencias.

-Es difícil el género epistolar. me parece muy complejo

RCG: No creas. Cuando tienes la clave de los personajes, ellos adquieren vida e interactuan entre ellos...

-Nunca ha pensado en retornar a vivir a Colombia?

RCG:No, eso nunca... Sería una tragedia. De visita si, cuantas veces pueda...

-Que bueno maestro, que le parece Robert Musil? Tengo los diarios

RCG: Yo los he leído mal. Es un gran escritor. El hombre sin atributos me gustó mucho, y los cuentos. Un escritor muy curioso, al mismo tiempo filósofo, un tipo de escritor que no se ha dado nunca en Colombia---

-Algunos dicen que fue un escritor ladrilludo, pesado...

RCG: No estoy de acuerdo.  Aunque está claro que hay que hacer un esfuerzo... Pero hay esfuerzos que vale la pena hacer.

-Es totalizante a veces, en las páginas de sus diarios pone fórmulas matemáticas y físicas, es como leer una enciclopedia, fascinante

RCG:Tenía una cultura enorme, lo que vale la pena destcar hoy, cuando los escritores son tan ignorantes. Pero ese filósofo fue capaz de escribir unos cuentos maravillosos, recuerdo uno que se titula "Tomka la portuguesa" o algo asi

-Conoce a Lobo Antunes, maestro? tengo algo de él que se llama Cartas de la guerra de Angola, usted que opinas de publicar cartas de carácter privado

RCG:Tendría que releerlo, hace tiempos que no me ocupo de él...No puedo decir que conozca la obra de Lobo Antunes, me parece un escritor interesante que quisiera leer más... No se, depende de quien sean las cartas. A mi una profesora de allá (eso dice ella) me publicó sin permiso unas cartas que le mandé. Me pareció un abuso de confianza...

-Toda carta es íntima, que opina de publicar algo así...leí unas cartas suyas y hablaba acerca de eso en ellas, es verdad? ...es verdad....es un abuso

RCG: Si le abres la puerta de tu casa a un invitado, y ese invitado te roba, ¿qué se puede decir? De todos modos, he conocido a profesores estupendos, y no hay que juzgar a los demás por una mente perturbada...

-Cierto, maestro... toda carta debería ser privada

RCG: Al menos, pedir permiso. Que ambos corresponsales estén de acuerdo. Si no es un acto de violencia, que debería ser punible... Lo que pasa es que eso es muy dificil en Internet....  Bueno, ha sido muy agradable. Mira mi correo ye escríbeme cuando quieras.

-Maestro, usted me concedería una entrevista virtual? Sus opiniones tienen mucho valor para muchos escritores jóvenes como yo

RCG: ¿virtual? ¿Qué quiere decir exactamente?

-Pues le envío el cuestionario y me las responde luego....eso sería como una bitácora para jovenes escritores

RCG: Pues claro, cuando quieras... Me das un tiempito y ya está.

-Ok maestro, estamos en contacto entonces

RCG: Ok

-Feliz noche