Escritor por encargo

Escritor por encargo
escritores freelance

sábado, 24 de agosto de 2013

El teniente que escribía poesía

                                               El poeta Wilfred Owen, en traje de gala (1893-1918)




En 1893 casi al despuntar el alba de un nuevo siglo, nació Wilfred Owen. El mundo parecía un lugar plácido y sereno. Las invenciones técnicas y el desarrollo industrial hacían que la burguesía europea no tuviera pausa en la contemplación estética del mundo. El cinematógrafo recreaba el movimiento y los gestos de la vida; una vasta red de trenes y los primeros automóviles rudimentarios, permitían desplazarse con soltura por una Europa próspera y culta. La historia de la poesía inglesa quizá no le haya hecho justicia a Owen por varias razones; entre estas, quizá el hecho de haber muerto demasiado joven, le relegó a ser un pie de página en las letras inglesas del siglo XX. Criado en el contexto de la cultura inglesa, con fuerte raigambre victoriano de pietismo moralista, el joven Wilfred intenta por iniciativa de su madre, adoctrinarse en las lides de la religión evangélica. Habiendo fracasado, igualmente, en su ingreso a la universidad, enfila sus armas al servicio de la poesía. 
El sopor de la Belle Epoque se estremece con el estallido de la primera gran guerra del siglo en 1914. Sin embargo será un año después cuando Owen, con veintidós años, decide enlistarse en el Artist`s Rifles, cuerpo ligero de fusileros voluntarios. La razón para tomar esta radical decisión, la deja plasmada en una carta:

«Actúo bajo vocación propia, este quizá no sea el caso de los demás. Quizá pueda que hable por ellos ¿mi poesía podrá hacerlo? Eso no lo sé aun ¿Tendré tiempo para hacerlo, o acaso mi poesía –que todavía no nace– morirá conmigo?».

Las lecturas de poetas como William Wordsword y su contemplativa reflexión sobre la naturaleza, tendrán eco en la génesis estética de Owen. La introspección alcanzada acaso por la vivencia de las atrocidades de la guerra, hará que el joven poeta madure rápidamente su estilo. Uno de los temas de su poesía, es la ruptura de ese cordón umbilical que es la tierra, de esa armonía con la naturaleza que destroza tan eficazmente la guerra, particularmente en aquel siglo XX, con la tecnificación de los métodos para conseguir que el hombre acabe con el hombre. Su poesía está oscilando siempre entre el vórtice del pozo de la guerra y la manera como se ven comprometidos los jóvenes como él, en las entrañas de las trincheras, en la asfixia de los gases, en la mutilación por medio del macabro invento de la ametralladora de repetición –que dará pie a los primeros casos de estrés postraumático por causa de las brutales secuelas dejadas en los cuerpos de los soldados–, en el desamparo y en la visión de las campiñas europeas como tumbas de una toda generación apagada.

                                                         Tumba de Wilfred Owen en Ors, Francia



Toma Owen de Keats la riqueza léxica, que desde Shakespeare, no se vio en la literatura inglesa. El periodo de estudio y asimilación de Keats y Wordsword, culmina en 1914. Owen se encontraba en las filas del movimiento poético georgiano, representado entre otros por poetas de la talla de Robert Graves. Luego de una herida en combate en 1917, Owen retorna a Inglaterra para convalecer. Conocerá a Sasson quien afilará la pluma del joven teniente, dándole consejos poéticos, animándolo a crear su propia cosmología estética. Owen maduró rápidamente escribiendo poesía desde el corazón mismo de las trincheras, dejando un testimonio completamente nuevo desde el punto de vista estético sobre la guerra.
Al amanecer del 4 de noviembre de 1918, Wilfred Owen a la cabeza de su compañía fue ametrallado por fuego enemigo, en el Canal Sambre-Oise en la campiña francesa, donde combatía hombro a hombro junto a sus camaradas. El pragmatismo de la guerra no permitió que Wilfred Owen viviera para ver los resultados de su poesía. Faltaban apenas siete días para la firma del armisticio. Owen murió a los veinticinco años, uno de los más grandes poetas malogrados en la primera guerra mundial. Algunos de sus poemas componen parte del War Requiem de Benjamin Britten.


ANTHEM FOR DOOMED YOUTH

What passing-bells for these who die as cattle?
Only the monstrous anger of the guns.
Only the stuttering rifles' rapid rattle
Can patter out their hasty orisons.
No mockeries now for them; no prayers nor bells;
Nor any voice of mourning save the choirs, –
The shrill, demented choirs of wailing shells;
And bugles calling for them from sad shires.
What candles may be held to speed them all?
Not in the hands of boys but in their eyes
Shall shine the holy glimmers of goodbyes.
The pallor of girls' brows shall be their pall;
Their flowers the tenderness of patient minds,
And each slow dusk a drawing-down of blinds.


HIMNO A LA JUVENTUD  CONDENADA

¿Doblarán las  campanas por aquellos que mueren como ganado?
Sólo la rabia monstruosa de los cañones
el rápido tartamudeo de los fusiles
pueden rezarles una breve plegaria.

Para ellos, no más ceremonias, oraciones ni campanas
ni voces de luto o salvas en coros,
Sólo el agudo, rabioso gemido de coros de obuses
y clarines llamándolos desde dolientes condados.

¿Qué candelabros pueden encenderse para ellos?
No en sus manos de niños sino en sus ojos
brillará la sagrada luz de los adioses.

La  pálida mirada de las muchachas serán sus mortajas;
Sus ofrendas, la ternura de dolidos recuerdos
y cada lento atardecer se inclinará ante sus memorias.

No hay comentarios:

Publicar un comentario