Escritor por encargo

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escritores freelance

domingo, 28 de diciembre de 2014

Stefan y Lotte, Petrópolis, 1942



Stefan y Lotte

Febrero 22 de 1942


Sobre la mesilla de noche, una botella vacía, un pañuelo y una lámpara; como una progresión que dejara entrever un aura de fatalidad. Un vaso, tres monedas en tamaño decreciente como un planeta y sus satélites junto a una caja de fósforos. Parecen signos de un arcano desconocido. Estos objetos se adueñan de la escena, pese a estar casi marginados; la fotografía carece de centro o de un eje propiamente dicho. Sobre la cama sostenida por fríos hierros, sobre la sábana bien ordenada y una gran almohada blanca, reposa la cabeza con los ojos cerrados y la boca entreabierta; él lleva una camisa impregnada de sudor —quizá de color oscuro— y una corbata negra. A primera vista, este aspecto podrá recordar otra imagen, ominosa, chabacana y vulgar; la del hombre responsable de que asistamos como trágicos espectadores a estas hórridas nupcias. A su lado, con las manos agarradas a las de su amante, yace ella, como inclinada para escuchar el murmullo de esa última respiración. Esta fotografía puede darnos una impresión idílica, la de una pareja que dormita tras una cena copiosa o un gran jolgorio. No es así. Germán Arciniegas, el polígrafo colombiano, los invitó a pasar una temporada en Colombia; los líderes conservadores, antisemitas y xenófobos, pusieron el grito en el cielo. En 1942, Stefan y Lotte, murieron en Petrópolis, Brasil, acosados por el fantasma del desarraigo, exiliados a su pesar; envenenados por el peso de sentirse parias hablando una lengua extranjera en un país extraño. 

sábado, 27 de diciembre de 2014

Arthur Rimbaud no habría escrito las Iluminaciones.


                                                             El poeta Germain Nouveau


La figura de Rimbaud es monolítica. Es imposible imaginar la poesía moderna, sin la demoniaca figura tutelar de aquel adolescente de ojos claros, perfil aquilino y peinado de monaguillo. El muchacho genial que se hastió de la poesía y decidió emprender una carrera como traficante de armas en África, pudo no haber sido el autor de las “Iluminaciones”. Según un crítico y estudioso francés, Eddie Breuil, el poeta de El Barco Ebrio no escribió las Iluminaciones, por la sencilla razón que sería producto de un error como copista de Rimbaud. En su libro “Du noveau chez, Rimbaud”, el profesor afirma luego de un concienzudo análisis de la obra rimbaudiana, que fue éste quien ayudó a copiar a otro poeta la célebre obra, y no al revés, como era de esperarse.


¿Quién es entonces el misterioso poeta?

Tras un encuentro en Stuttgart, Alemania, Rimbaud pidió a Verlaine, que le enviara una serie de poemas en prosa, a un oscuro poeta, de nombre Germain Nouveau. Verlaine no tenía idea de quién era aquel poeta simbolista. Nacido en Pourrieres, en 1851, llega con diecinueve años a París, buscando entrar en los círculos literarios. Aunque no encuentra a la pareja de amantes, traba amistad con Charles Cros, y conoce luego a Rimbaud. Parten hacia Londres, donde Verlaine purga una condena por herir a Rimbaud. Allí, se escribirán las Iluminaciones, de las que hasta ahora, se creía, eran obra del autor de Una temporada en el Infierno.

Un editor fantasma, le dio el título al grupo de poemas, sin autorización de Rimbaud, su supuesto autor, ni mucho menos de Verlaine, aunque le fuera encargada la tarea de enviarle a Francia los manuscritos a su verdadero autor, Nouveau. Este poeta hoy olvidado, fue en su tiempo bien conocido en los círculos literarios. Neurótico, afectado por distintas crisis, tuvo que ser internado en varios psiquiátricos. Al dársele el alta, Nouveau, se  convirtió en un peregrino y mendigo, llegando a dar con sus huesos hasta Roma y Santiago de Compostela. Germain Nouveau terminó sus días como indigente, viviendo de la caridad pública y las monedas escamoteadas en el atrio, a los feligreses de la iglesia de su pueblo natal. El estilo de sus poemas cortos, es brillante, y no le quita merito alguno a la genialidad de Rimbaud, por el hecho de haber sido el copista de su obra.  

Un genio malogrado

Nouveau nunca se enteró de que sus Iluminaciones, título puesto por el misterioso editor y tomado de una frase dicha al vuelo por Verlaine, fueron publicadas. Según un artículo del gran poeta Louis Aragon, a finales de los cuarentas, se pregunta cuál es más grande: Rimbaud, Baudelaire o Nouveau. Sí, Germaine Nouveau, un poeta tan grande como sus pares pero echado al olvido por mano propia; un poeta injustamente olvidado, que eligió el camino de espinas y la sombra del anonimato.



                                                       Dos poemas de Germain Nouveau

Amor


" No temo a los reveses del destino,
a nada temo, ni a la tortura,
ni a las mordeduras de serpiente,
ni a los cálices de veneno,
ni a los ladrones que huyen del día
o a sus subordinados cómplices,
si amo.
Me río estruendosamente,
no me importa la magia,
ni el florecimiento del odio,
pero de las caricias podría
hacer mi deleite, el ruido
de guerra en el tambor,
las espada en los fuegos artificiales,
si amo.
Odio mirar al gato que duerme
sin desearme mal alguno;
espero la muerte, la desgracia,
el sufrimiento y los malos tratos;
soy valiente, sin vicios, rey al
frente de mi palacio,
líder de las milicias,
si amo.
Concédeme el amor hasta que
mi pelo negro se torne lacio,
y ningún dios pueda hacerme palidecer, si amo. "



Las palomas


" El oscuro negro y el esperanzador verde   
nunca aguardan la flor que baten las palomas          
y a las tumbas agrada.           

Ellas irrumpen desde el cielo,           
cargadas de fruta, desnudas 
y perdidas sus plumas en      
en el viento y en los   
antiguos caminos.      

Esclarece el día          
desde lo alto del árbol           
en hermoso equilibrio.           

La delicia de sus ojos
atrapa un trozo de cielo,        
incuba la madrugada 
en el lecho inferior del          
cementerio.    

Y cada árbol ahuyenta la      
desesperación más enfermiza,           
bajo la multitud de plumas blancas,  
en medio de sus arrullos.       

Estas aves, cuyas voces son hermanas,         
son, obviamente, las almas    
de niñas y mujeres     

Cuya tumba suave brilla        
en la luna de cada noche y    

escribe sus gélidos epitafios. "

jueves, 11 de diciembre de 2014

Reseña: Lo que no tiene nombre de Piedad Bonnett


                                                      Piedad Bonnett, escritora colombiana

Narrar desde el dolor y hacerlo desde lo más profundo. Hay que ser valiente. Piedad Bonnett abre su corazón, deja entrever una rendija de luz hacia su alma despedazada. Lo que no tiene nombre es el título de su último libro, cuyo tema es tan escabroso, que su carácter ominoso hace de el prácticamente un tabú. Daniel, su hijo, decide en un momento de dura lucidez, atravesando las cenagosas aguas de su enfermedad mental, tomar la decisión definitiva. En Nueva York donde el libro tiene su eje principal de acción, el joven se encuentra en una encrucijada que le pone la vida por delante. En este momento, parece inevitable no pensar en el Mito de Sísifo, ese preclaro texto de Camus sobre la autoeliminación: «No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio —dice al comienzo—. Juzgar si la vida vale o no vale la pena de vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía».

(Óleo) obra de Daniel Segura Bonnett. Derechos de autor reservados. 


En adelante, la autora, madre del personaje principal de la historia (es una lástima que no exista en nuestra lengua castellana, tan rica, una palabra para definir la orfandad en la que queda el padre sin su hijo) se verá bombardeada por una sucesión de recuerdos: objetos, pinturas, libros, ropa, fotografías, fragmentos de escenas, frases, diálogos inconexos, citas literarias y musicales, para poder armar el rompecabezas que el dolor ya ha hecho trizas, obligándolo a lanzarse desde el sexto piso de un apartamento neoyorkino.

Pese a que esta literatura —llamémosla con un feo adjetivo: «doliente»—, ha dado una buena cantidad de libros, que podrían mencionarse en orden de aparición en las letras colombianas contemporáneas, desde El Desbarrancadero, deslumbrante ejercicio de exorcismo literario de un dolor irónico, feroz y cáustico del que hace gala magistralmente Fernando Vallejo, pasando por El Olvido que seremos de Abad Faciolince, anécdota en estilo de crónica sobre el crimen de su padre, pareciendo más preocupado por conmover con adjetivos y escenas desgarradoras, que por hacer un homenaje literario a la figura del padre ausente, para llegar, finalmente a La Luz difícil de Tomás Gonzales, que se emparenta en este sentido con el libro de Bonnett, ninguno consigue el efecto demoledor de lo auténticamente literario que tiene el primero.

                             Lápiz sobre papel. Obra de Daniel Segura Bonnett. Derechos reservados
                                               Fuente: http://danielsegurabonnett.blogspot.com


Desprenderse del dolor que corroe, haciendo un ejercicio de reducción al absurdo o en el más explicito símil, de cremación de ese sentimiento negativo por el ausente, es una tarea que unos pocos grandes: Tolstoi, Ajmátova, Primo Levi, Celan y por qué no, Fernando Vallejo, consiguen hacer sin que el lector se sienta incómodo. Se tiene un ligero sentimiento de culpa al reconocer que la enfermedad mental —una vez más Camus, quien escribe que el suicida prepara en su corazón su acto como cualquier artista su obra, sintiéndose minado por un sentimiento, y a su vez, dejando minados a quienes abandona— es un fenómeno inmanente en nuestra época; latente del otro lado de la pared o en la puerta de al lado, y al que muchas veces damos la espalda. Quizá lo primero que se venga a la mente de muchos al terminar el texto, es que el fantasma de la locura y su sombra de tragedia, pareciera estar también leyendo por encima de nuestro hombro. 

Obras con derechos de propiedad (Fuente): http://danielsegurabonnett.blogspot.com