Escritor por encargo

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miércoles, 16 de diciembre de 2015

Baile de adolescentes





                                  Imagen original: http://thumbpress.com/teenage-party-in-1947/

El eje central es una luz mirífica que ilumina la escena y baña los rostros apolíneos de un grupo de jóvenes, que quedaron condenados a una adolescencia eterna por la gracia de la fotoquímica. Como a Saulo camino de Damasco, un resplandor magnífico los deslumbra y enceguece, aclara en sus gestos el reflejo fabuloso de un pasado jubiloso. En su particular simetría, como si fuera el pilar central de la escena, una pareja danza contemplativamente. Un mozo de elegante traje negro a rayas blancas y pañuelo blanco en el bolsillo, está observando directamente la luz; la chica parece estar a punto de recostar su cabellera rubia sobre el hombro de su parejo. Por momentos esta pareja nos recuerda el Matrimonio de los Arnolfini de Jean Van Eyck. La solidez de su composición, su plasticidad para proyectar la escena perpendicularmente, a pesar de su inmovilidad, resulta magistral. A la derecha, se pierde en los bordes del marco, la espalda de un joven de traje amarillo cuadriculado. En el sentido de las manecillas del reloj, sentados a la mesa, una pareja: la joven de traje verde pálido, sonríe coqueta mientras sostiene su rostro juvenil, a un galán de traje oscuro y camisa blanca inmaculada que nos da la espalda; del otro lado, una chica de vestido blanco con rebordes, sostiene una rosquilla que ha mordido, mientras parece pensar en las palabras que acaba de decirle su pretendiente. Cerrando el círculo, un joven de traje gris, mira arrobado hacia la nada, mientras que su chica, parece acabar de retirar o disponerse a apoyar su barbilla en el hombro del chico. Los danzantes de atrás, una chica rubia de traje violeta y un joven de traje gris claro y corbata caqui con negro, parece intentar besarla. Quizá estaría sonando una pieza de Glenn Miller, Moonligth Serenade, mientras los vientos de la pasada guerra y los de otras próximas, penden sobre las cabezas engominadas y los peinados exquisitos de los que integran ésta escena cortesana, sobria y melancólica. Es el año 1947.

                                                                 Moonligth Serenade.

sábado, 24 de octubre de 2015

La Muerte blanca

                                             Fuente:https://instagram.com/stationcdrkelly/




El huracán Patricia, también podría llamarse con justicia La muerte blanca. Nadie se percata de que un inocente montón de nubes, esos cumulonimbos o cirros que llaman los meteorólogos, pueden alterar de manera definitiva la dinámica de la vida; incluso hasta cortarla de un tajo. El superhuracán Patricia —parece que a partir de este momento ya hemos entrado de lleno en la época de los super desastres naturales—, ha llegado a México, dejando tras de sí una estela de destrucción. Sin embargo este meteoro no es comparable en su potencia destructiva, al daño hecho por la industrialización desmesurada, producto de una enceguecida (una vez más el detestable prefijo) superpoblación, una explotación vertiginosa de los recursos naturales y toda esa sucesión de acciones humanas que ahora parecen estar siendo cobradas con creces por la propia Tierra.

Una de las pocas ventajas que tiene nuestra época es la de poder dejar un registro, que al tiempo se convierta en la perspectiva de la situación, a la que nos veremos abocados en un futuro, ya nada apocalíptico. Desde la Estación Espacial Internacional, el cosmonauta Scott Kelly, ha tomado una fotografía que ofrece una perspectiva única de la omnipresencia humana. La imagen tomada desde la estación y subida casi de inmediato a la Internet, muestra al huracán Patricia moviéndose a 350 quilómetros por hora sobre la costa pacífica de México. Esta privilegiada vista de la Naturaleza, desde el prodigioso Aleph de una pantalla ilusoria, habría sido la envidia de Goethe, quien a lo largo de su vasta obra escribió algunos fragmentos acerca de la naturaleza de las nubes.

Esta Muerte Blanca —Goethe estaría de acuerdo en llamarla así—, semeja por momentos los brazos de una criatura marina, como las que atormentaban embarcaciones del siglo XIX, exaltando la imaginación romántica de los escritores. A veces —más bucólica— parece el pelo indómito que una mujer caprichosa echara al viento para proclamar su voluptuosidad. Al respecto, Leonardo Da Vinci, en su vasta galería de bocetos sobre observaciones, esboza en una página los patrones que trazan los bucles de una cabellera femenina y los giros que hace la corriente de un arroyo. Si comprendiera que todas las cosas en la Naturaleza están intrínsecamente relacionadas, entonces la humanidad se detendría antes de empezar a expoliar una hectárea de selva virgen para producir materias primas, o dejaría de envenenar los ríos con sustancias tóxicas, para sacar unos cuantos quilos de coltán que le permitan mostrarse a sí misma con sus artefactos, el abismo al que su propia mano puede llevarla.        









lunes, 24 de agosto de 2015

Un punto de vista: el escritor que previó el surgimiento del totalitarismo.

Dostoievsky sigue siendo aun hoy para la literatura contemporanea, un referente tanto estético como político. Este artículo publicado en el magazine de la BBC, nos muestra la faceta visionaria del autor de Los Demonios, una novela que esboza el surgimiento de los fundamentalismos políticos, que hoy hacen tanto daño a las libertades individuales en los estados democráticos. El siguiente texto es una traducción libre del original inglés.




El novelista ruso del siglo XIX, Fiodor Dostoievsky, escribió acerca de personajes que justificaban la muerte en nombre de sus creencias ideológicas. Por esta razón, John Gray argumenta, sigue siendo aun relevante, a través del surgimiento de los estados totalitarios del terror del siglo XX, hasta la "guerra contra el terror". 


Cuando Fyodor Dostoyevsky describe en sus novelas como las ideas tienen el poder de cambiar vidas humanas, sabía sobre lo que estaba escribiendo.
Nacido en 1821, el escritor ruso tenía unos veinte años, cuando se unió a un círculo de intelectuales radicales en San Petersburgo, estaban fascinados por las teorías socialistas de los utopistas franceses. Un agente de policía que se había infiltrado en el grupo, informó a las autoridades  de sus debates. El 22 de abril de 1849, Dostoievski fue arrestado y encarcelado junto con los otros miembros, y después de algunos meses de investigación que fueron declarados culpables de la planificación para distribuir propaganda subversiva y fue condenado a fusilamiento.

La pena fue conmutada por una pena de exilio y trabajos forzados, pero la autoridad del zar de decretar la vida o la muerte, fue confirmada al obligar a los presos a someterse a la prueba de un simulacro de ejecución. En una farsa cuidadosamente orquestada, Dostoievski y el resto del grupo fueron llevados al patio de armas del regimiento en la mañana de 22 de diciembre 1849, donde el cadalso se había erigido y decorado con un crespón negro. Sus crímenes y sentencia fueron leídos y un sacerdote ortodoxo que les pidió que se arrepintieran. Tres condenados del grupo estaban atados a estacas, en la preparación para su ejecución. En el último momento hubo un redoble de tambores y el pelotón de fusilamiento bajó sus fusiles. Indultados, a los prisioneros fueron puestos sus grilletes y enviados al exilio siberiano —en el caso de Dostoievski, cuatro años de trabajos forzados, seguido por el servicio obligatorio en el ejército ruso—. En 1859 un nuevo zar permitió a Dostoievski poner fin a su exilio siberiano. Un año más tarde estaba de vuelta en el mundo literario de San Petersburgo.

La experiencia de Dostoievski le había alterado profundamente. Él no abandonó su idea de que la sociedad rusa necesitaba ser cambiada radicalmente. Él seguía creyendo que la institución de la servidumbre era profundamente inmoral, y detestando hasta el final de su vida, a la aristocracia terrateniente. Pero su experiencia de ser lo que él había creído hasta el borde de la muerte, le había dado una nueva perspectiva sobre el tiempo y la historia. Muchos años más tarde comentó: "No puedo recordar haber sido tan feliz,  como en aquel día."
A partir de entonces se dio cuenta de que la vida humana no fue un movimiento desde un pasado distante hacia un futuro mejor, como él había creído, o casi, cuando compartió las ideas de la intelectualidad radical. En cambio, cada ser humano se situó en cada momento al borde de la eternidad. Como resultado de esta revelación, Dostoievski se hizo cada vez más desconfiado de la ideología progresista, que él había esbozado en su juventud.



Era particularmente desdeñoso de las ideas que encontró en San Petersburgo, cuando regresó de su década de exilio en Siberia. La nueva generación de intelectuales rusos fue presa de las teorías y filosofías europeas. Materialismo francés, el humanismo alemán y el utilitarismo Inglés se fusionan en una peculiar combinación rusa que llegó a ser llamado "nihilismo".
Tendemos a pensar en un nihilista como alguien que no cree en nada, pero los nihilistas rusos de la década de 1860 eran muy diferentes. Eran creyentes fervientes en la ciencia, querían destruir las tradiciones religiosas y morales que habían guiado a la humanidad en el pasado con el fin de que un mundo nuevo y mejor pudiera llegar a existir. Hay un montón de gente que cree algo similar hoy en día.
La acusación de Dostoyevsky del nihilismo se presenta en su gran novela Los demonios. Publicado en 1872, el libro ha sido criticado por su tono didáctico, y no puede haber ninguna duda de que él quería demostrar que las ideas dominantes de su generación eran perjudiciales. Pero la historia, dice Dostoievski, es también una comedia de humor negro, cruelmente graciosa en su descripción de los intelectuales magnánimos que juegan con nociones revolucionarias, sin entender nada de lo que la revolución significa en la práctica.
La trama es una versión de los hechos reales que tuvieron lugar cuando Dostoievski escribía el libro. Un ex profesor de teología se vuelve terrorista, Sergei Nechaev, fue arrestado y acusado de complicidad en el asesinato de un estudiante. Nechaev había escrito un panfleto, El Catecismo de un Revolucionario, que argumentaba que cualquier medio (incluyendo el chantaje y el asesinato) podría utilizarse para hacer avanzar la causa de la revolución. El estudiante había cuestionado las políticas de Nechaev, y así tuvo que ser eliminado.
Dostoievski sugiere que el resultado de abandonar la moral por el bien de una idea de libertad, es el tipo de tiranía más extrema que cualquiera otra en el pasado. Como uno de los personajes de Los demonios confiesa: "Me enredado en mis propios datos, y mi conclusión contradice directamente la idea original de la que he partido. Desde una libertad ilimitada, termino con un despotismo ilimitado.".
Como una descripción de lo que ocurriría en Rusia como resultado de la revolución bolchevique, casi 50 años más tarde, esto difícilmente puede ser superado. Pese a criticarlo por confiar demasiado en los actos individuales de terrorismo, Lenin admiraba a Nechaev por su disposición a cometer cualquier crimen si servía a la Revolución. Pero como Dostoievski previó, el uso de métodos inhumanos para lograr un nuevo tipo de libertad produce un tipo de represión, que tiene mucho más alcance que las crueldades teatrales del zarismo.


Lo que Dostoievski diagnosticaba era la tendencia a pensar en ideas de ser de alguna manera más real que los seres humanos reales. Las novelas de Dostoievski tienen una lección que van más allá de Rusia. Las primeras traducciones al inglés llevaban el título The Possessed —una errónea interpretación de una palabra rusa que más exactamente quiere decir Los Demonios—. Pero el título anterior podría haber estado más cerca de las intenciones de Dostoievski. Aunque a veces sea implacable en su representación de ellos, no es que los revolucionarios sean demonios. Son las ideas a las que los revolucionarios permanecen esclavizados.
Dostoievski pensaba que el defecto en el corazón del nihilismo ruso era su ateísmo, pero no hay por qué compartir su punto de vista sobre este particular, cuando escribe del poder demoníaco de las ideas apresadas en forma de un auténtico trastorno humano. Tampoco hace falta aprobar la perspectiva política de Dostoievski, que era una versión mística del nacionalismo profundamente manchado por la xenofobia.


Lo que Dostoievski diagnostica —y, que a veces sufre en carne propia— es la tendencia a pensar en ideas que son de alguna manera más reales que los propios seres humanos. Sería un error imaginar que no hemos caído también en este tipo de pensamiento delirante. Las guerras que Occidente ha luchado en el Medio Oriente en la última década y a menudo más, son atacadas por ser poco más que intentos de apoderarse de los recursos naturales, pero estoy seguro de que esta no es toda la historia. Un tipo de fantasía moral ha sido muy importante en la explicación de las repetidas intervenciones de Occidente y en su fracaso recurrente.
Hemos llegado a imaginar que ideas como "democracia", "derechos humanos” y “libertad” tienen un poder propio que puede transformar la vida de cualquiera que esté expuesto a ellas. Hemos lanzado proyectos de cambio de régimen, que apuntan a dar cuenta de estas ideas para derrocar a los tiranos. Pero exportar la revolución de esta manera puede tener el efecto de fracturar el Estado, como ha ocurrido en Libia, Siria e Irak, lo que lleva a la guerra civil, la anarquía y a nuevos tipos de tiranía.

El resultado es la posición en que nos encontramos en la actualidad. La Política occidental está ahora dirigida por el temor a fuerzas e ideas, surgidas del caos que las antiguas intervenciones occidentales han creado. Lamentablemente, este temor no es infundado. El riesgo de que estos conflictos recaigan sobre nosotros, como ciudadanos occidentales que han luchado en su retorno al hogar, es demasiado real.

Nos gusta pensar que las sociedades liberales son inmunes al peligroso poder de las ideas. Pero es una ilusión pensar que no tenemos demonios en la nuestra. Poseídos por concepciones grandiosas de libertad, hemos tratado de cambiar los sistemas de gobierno de países que aun no empezamos a entender. Como los revolucionarios desilusionados de la novela de Dostoievski, nos hemos convertido en nociones abstractas, en ídolos y sacrificando a otros, y a nosotros mismos, en el intento de servirlos.





sábado, 27 de junio de 2015

Kodama versus El Aleph Engordado

                         Borges toma del brazo a María Kodama, su esposa y heredera


Parece una broma del destino. No fue en una candente mañana de febrero, en la que Jorge Luís Borges murió, fue de junio. Más exactamente, un catorce, cuando el autor de Ficciones y El Aleph, halló finalmente contestación a la pregunta que le hiciera Marguerite Yourcenar, pocos días antes, al encontrarlo en Ginebra: «¿Borges, cuándo saldrás del laberinto?». «Cuándo hayan salido todos», respondió Borges a Yourcenar. Esa respuesta parece tener sentido —o en absoluto— puesto que la víspera Escocia, Dinamarca, Alemania y Uruguay, jugaron, enfrentándose respectivamente, al cierre de la primera fase del certamen. Stevenson, Hans Christian Andersen, Goethe y el país del otro lado del Río de la Plata, tan enraizado en la genealogía espiritual de Borges, parecían ligarse simbólicamente, como ofreciéndole una despedida viril y tosca. La vida como la literatura, se configura en devenir —decía Deleuze—; y así confronta, al fin, los opuestos. Aquel 14 de junio de 1986, esa huida del laberinto coincide con el Mundial de México. Qué atroz banalidad.
Y no fue la renovación de un anuncio de cigarrillos, como sucede en su relato, tras la partida de Beatriz Viterbo, lo que demostraba fehacientemente el devenir de un mundo material que olvida prontamente, sino un mundial de fútbol (deporte al que Borges denominaba, palabras más o menos, como «el peor crimen cometido por Inglaterra»), ese estúpido juego.

(Pasemos ahora sí a la literatura)

En el relato El Aleph, la evocación de esa figura femenina (la fuerza poderosa e inmanente), es la excusa para describir aquel objeto que revela un vasto universo contenido en un espacio reducido (la literatura). María Kodama, la muchacha a la que el escritor une su vida durante la última década, tras perder definitivamente a su madre, será la persona a la que edípicamente el escritor decide entregar su herencia (de jure) literaria. Esa presencia de la autoridad femenina atraviesa el relato, del mismo modo que en la vida de Borges lo hicieran las mujeres: primero su madre, Leonor Acevedo, su ama de llaves Fanny, a quien el autor quita su pequeña herencia, para ponerla en manos de su nueva albacea testamentaria y cónyuge, la Kodama.
En El Aleph, el mundo conocido es interpretado por el personaje principal, un alter ego de Borges, quien recostado en una escalera, ve a través de un agujero de un centímetro de diámetro todo el universo. Esa ontología particular del acto literario, al entender el mundo como objeto estético, por medio de la observación de un espectador pasivo, deviene en metáfora del sentido mismo de la literatura de Borges. En tal sentido, el concepto puntual que tenía éste de la escritura sensu estricto, puede seguirse en otro punto de referencia de su obra: Pierre Menard, Autor del Quijote. Aquí se comprende la ignorancia en materia estética por parte de la heredera (vale preguntarse ¿intelectual?) del legado de su marido. María Kodama, en su rol de albacea literaria del genio argentino, no parece entenderse bien con la tarea de su difunto esposo.

                                    Pablo Katchadjian, autor de El Aleph Engordado

Su reciente incidente judicial con el autor Pablo Katchadjian, quien sacó un tiraje de un libro de cincuenta páginas y doscientos ejemplares de El Aleph Engordado, ha puesto en la palestra nuevamente los límites de lo que transgrede lo meramente jurídico y se adentra en las aguas procelosas de lo literario —ya de por sí bastante difusas como para vérselas con los farragosos asuntos legales. El quid de la demanda, según Kodama, estaría en el uso “arbitrario” que hace de la obra de Borges, el editor-escritor. Una transgresión consistente en adicionar pasajes, situaciones e incluso imágenes, según parece.

(Para heredar una tradición, en primer lugar, es preciso comprenderla cabalmente. Así, como en el cuento, para que el error no empañe su memoria —la de Pierre Menard—, una breve rectificación —en el caso de la obra de Borges— resulta inevitable)

Pierre Menard, acomete la tarea de reescribir El Quijote de Cervantes. Sin embargo, como seguramente tuvo en mente Pablo (el escritor de apellido impronunciable) con su Aleph Engordado, Menard pretendía revestir de nueva semántica cada una de las palabras del manco de Lepanto. (Galgo, salpicón, hidalgo, molino, hideputa, galeote, etc). «La tarea del arte es esa —dice Borges en una entrevista ya célebre, dada para la televisión española en 1976, diez años antes de huir del laberinto—: transformar lo que nos ocurre continuamente, en símbolos, en música, transformarlo en algo que pueda perdurar en la memoria del los hombres». En tal sentido, y siguiendo la idea de Deleuze acerca del devenir de la escritura, se encarna en varios entes, hasta finalmente, convertirse en imperceptible, en algo perfecto e impalpable (G. Deleuze. Crítica y Clínica, 1. La Literatura y La Vida), ¿El Aleph Engordado de Katchadjian, no tendría carta de ciudadanía dentro de la fenomenología del lenguaje borgiano, para convertirse por obra de la hermenéutica de cada interventor-autor-lector, en instrumento capaz de expresar una nueva semiótica, tal como Menard pretendía hacerlo con la obra de Cervantes?

                   Edición de El Aleph de Jorge Luís Borges, Editorial Losada, Buenos Aires


En un fragmento de El Aleph, el narrador, dice:

«…vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.
Sentí infinita veneración, infinita lástima.»

En un mundo en que la corrupción se manifiesta en banalidad, Borges presintiendo la inminente corrupción de la belleza del pensamiento, ¿no sentiría infinita lástima porque su Aleph, no pudiera tomar un nuevo aire, en tiempos dominados por lo atroz, la brutalidad de la ignorancia, incluido el fútbol, y la banalidad de lo literario, ahora, cuando la lengua de Cervantes parece reducirse a la fugacidad de la estúpida semiótica de los emojis?

Preguntémosle a Kodama.

lunes, 6 de abril de 2015

Fernando Vallejo: el rugido de un desencanto.


                                          Fernando Vallejo, escritor colombiano

Fernando Vallejo es hoy por hoy, uno de los escritores más relevantes de Hispanoamérica. Su discurso literario, más allá de rememorar de manera autobiográfica el esplendor de una vida desgarrada trágicamente por el Río del Tiempo ―como titula esa serie de cinco novelas fundamentales para entenderlo―, toca un ámbito intrínsecamente ligado a la vida colombiana, el de la política.

Quizá en ningún otro país de Latinoamérica las pasiones políticas tienen un carácter tan vital, que despierta odios y amores entre la izquierda y la derecha más radicales. La pervivencia de la guerrilla más antigua del mundo, las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), nacidas tras el dramático episodio histórico del crimen de Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948 y nutridas por las guerrillas campesinas liberales del Tolima, en 1964, acentúan las diferencias ideológicas en ambos bandos. Fuerzas en pugna, hoy, durante la coyuntura del proceso de paz en La Habana.

Justamente en el marco de Cumbre Mundial del Arte y la Cultura por la Paz, realizada en Bogotá, Fernando Vallejo, escritor antioqueño radicado en México, lanzó una feroz crítica contra el establishment nacional. Acompañado por León Valencia, analista político; Alfredo Molano, escritor y periodista; Jane Taylor, dramaturga y artista sudafricana, en calidad de invitada especial, Vallejo comenzó su diatriba, con un párrafo tan contundente como el golpe de un viejo boxeador:

«Este sinvergüenza que tenemos en la Presidencia, a la que subió predicando la guerra y en la que se reinstaló predicando la paz, por lo menos unas cuantas diferencias tiene con sus interlocutores de La Habana, los hampones de las Farc, con los que negocia de igual a igual: que no vuela torres eléctricas, ni siembra minas quiebrapatas, ni secuestra, ni mata, aunque sí extorsiona, a través de la Dian, y recluta, a través del Ejército, a cuanto muchacho pobre logra agarrar…».





La obra de Vallejo es catalogada como una de las más brillantes estilísticamente hablando en la lengua castellana. Sus novelas recrean un universo personal, narrado siempre en primera persona por una voz que interpela constantemente provocando, incomodando, lanzando diatribas blasfemas y apátridas. Una característica auténtica de su literatura es la riqueza léxica, tomando del habla popular sus insultos y filosofía pragmática, sin dejar de lado la erudición con giros retóricos y reflexiones de tipo moral.

Su estilo se compara con el más cáustico de titanes de las letras como Celine, Bernhard o Cioran. Suele confundir a los lectores poco avezados en su literatura, poniéndose y quitándose la máscara del narrador de sus textos: sea la Puta de Babilonia, El Desbarrancadero ―una de las más líricas y trágicas elegías en la novela contemporánea―, La virgen de los sicarios o El Cuervo Blanco, por mencionar algunos.

Su crítica al proceso de paz puede considerarse una más de sus boutades geniales, evocando siempre su espíritu libertario, en que se configuró su imaginario estético. Por esta razón, Vallejo siempre ataca a la política y la Iglesia, en su rol de camisas de fuerza del pensamiento y la acción espontanea del humanismo como senda hacia el arte. Así, puede sonar conservador para los jóvenes que lo leen con fruición; inmoral, para los lectores de su generación, que acataban por igual el hierro de la espada del clero o el poder; ridículo para los ignorantes y nacionalistas (“tartufos, noveleros” como los llama) que lo ven como un payaso resentido y apátrida. El anarquismo, quizá, podría ser la ideología que lo identifique. Maldito. Brillante. Perverso. Soez. Erudito. Coloquial. Lírico. Bufonesco. Eso sí, Fernando Vallejo jamás dejará indiferente, al oyente o al lector, que escucha su rugido agónico de león viejo y desencantado.

                            Intervención de Fernando Vallejo, Bogotá, abril 6 de 2015 


miércoles, 1 de abril de 2015

El oficio del editor: entrevista con Diego Herrera Ediciones Croupier de Buenos Aires.


Uno de los oficios más importantes y menos conocidos de la literatura, quizá sea el de la edición. La escritura es la extensión de la memoria y el pensamiento, decía Borges. Sin libros el mundo sería más trágico y gris de lo que ya es. Ahí radica su poder subversivo; y es por ésta razón que resulta muy fácil censurar o atenazar la imaginación por quienes deciden que un libro pueda nacer o no. Sin embargo, y de manera paradójica, algunas veces sucede que es el propio autor quien no se decide a hacer que su obra vea la luz de una vez por todas. Los rechazos editoriales son una de estas causas. Diego Herrera es un editor argentino que a través de Ediciones Croupier, edita de manera gratuita a autores, actualmente solo en Argentina. He querido hacer una corta entrevista para que los amantes de los libros lo conozcan y los que escriben, quizá se animen a enviarle un manuscrito con la certeza de que aplicando sus buenos oficios de editor, leerá el manuscrito con juicio y sin nepotismo.



  
         Entrevista a Diego Herrera, ediciones Croupier: Por Andrés Castaño

AC: Muchos editores muestran su preocupación por el futuro de la industria editorial, teniendo en cuenta la tendencia a la recesión mundial, el poco interés en la lectura y la aparición de los libros electrónicos. ¿Esta crisis servirá para darle un nuevo aire?

D: Nosotros vamos, no en contra sino en paralelo a ese sistema del que hablás, así que no sabría decirte. Lo cierto es que por más tecnología que surja, el libro como tal va a seguir existiendo. Es como el cine: Podés montarte un equipo de última generación en de tu casa pero la gente igual va a ponerse bonita, se va a parar en la cola, va a pagar la entrada y a ver la película en la sala. Nosotros proponemos otra cosa, que tu obra llegue primero a tus manos y después al mundo. La recesión literaria empieza y termina por uno.

AC: ¿Cuántos años lleva El Croupier editando totalmente gratis?

D: Meses. Al principio arrancamos como tantas otras editoriales: cobrando. Pero, cuando alguien te paga piensa que es el dueño de tu ser, de tu tiempo. Y es muy difícil trabajar así. Fue entonces que nos dimos cuenta de que lo mejor era financiar nosotros mismos las obras y publicar a quien quisiéramos, a nuestro modo. Aún así, es muy difícil trabajar con algunos autores, ja.

AC. ¿Cuál es el valor al público, de un libro editado por Ediciones Croupier? ¿Sus libros se consiguen fuera de la Argentina?

D: Supongo que preguntás por el valor de venta al público. Te resumo la idea para que vos te hagas TU propia idea. Nosotros hacemos tiradas pequeñas (entre 60 y 200 ejemplares). Las editamos, armamos la tapa, la diseñamos y organizamos una presentación. La mitad de los libros vendidos cubren el gasto editorial, el resto es del autor. Es decir que si el libro de costo nos salió 5 dolares, lo vendemos a 10. Simple. Con respecto a la venta afuera de Argentina. Las editoriales acá se manejan con distribuidoras, que son quienes mueven tus libros y los acercan a las librerías tanto de acá como del mundo. Para que una distribuidora se fije en vos, tenés que publicar mucho. Nosotros arrancamos hace poco. Pero vamos por el buen camino. Así que es probable que dentro de poco podamos hacer llegar los libros a Colombia, por ejemplo.




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AC. En Colombia casi ningún editor publica libros de poesía. Como editor, ¿qué piensas sobre el tema?

D. Como te conté, nosotros hacemos una tirada pequeña y vendemos los libros. Ese es nuestro compromiso, con el cual siempre cumplimos. A su vez, el autor también tiene un compromiso, que es el de difundir su obra e invitar a la gente al evento. Nosotros no publicamos por género sino por grado de compromiso. Así que no importa si es poesía, prosa, novela o relatos. Publicamos a personas. A mí, particularmente, la poesía me gusta poco. Sin embargo, hemos publicado dos libros de poemas geniales.

AC. En ese mismo sentido, ¿crees que es posible conseguir autores con novelas de alto nivel artístico (por ejemplo las de Proust, Thomas Mann, Tolstoi, Joyce, Flaubert, Faulkner, Sábato, Rulfo, etc.) como ahora ya no pueden verse.

D: ¿Cómo que ahora no pueden verse? Hay escritores buenísimos. De nuestra cosecha, por ejemplo. Hay genialidades por doquier. Lo que no hay es prensa ni accesibilidad. Nosotros intentamos que esos tipos, los tapados, los que vienen dándole a la tecla y la palabra en silencio  hagan un poco de ruido. Es cuestión de tiempo para que escuches de ellos. El principal problema del escritor es el escritor mismo. Su inseguridad, su ego. Su miedo al no ser aceptado… Lo cierto es que cuando vos tenés que decir o hacer algo, lo decís o lo hacés; de lo contrario, mejor quedate en tu casa viendo la tele. Nosotros representamos el movimiento. ¡Te publicamos gratis! Así y todo, sólo hemos publicado 13 obras. Curioso, ¿no?

AC. ¿Se puede seguir esa línea clásica para elaborar una prosa atrapante, o han cambiado los tiempos?

D. Como bien sabés, actualmente estamos presentando una antología latino­americana, con gente de México, Chile, Bolivia, Costa Rica, Guatemala, Colombia, Uruguay y Argentina. Entre ellos, sin mencionar a nadie para no herir susceptibilidades, hay gente de prosa ejemplar. Los tiempos son otros, ya no vivimos en las cavernas ni en castillos. Proust no hablaba de mails, ni de web. Nosotros sí. Pero eso no hace que nuestras palabras tengan menos fuerza.

AC. Ustedes realizan una gran labor editando autores, no solo en Argentina, donde hay tantos y tan buenos escritores, sino en otros países, incluido Colombia. ¿Seguirá siendo viable financieramente tomar ese riesgo?

D. En la editorial somos dos. Paola Lopez (fotógrafa, coeditora y encargada de armar las tapas) y yo. Para cada libro hemos recibido el aporte artístico de diversos artífices, tanto de la pintura y el dibujo, como de la fotografía y el diseño. En las presentaciones solemos abrir con músicos, cantantes, instrumentistas… Es decir que no sólo somos una editorial sino también una excusa para reunir a diferentes creativos. Los libros se financian de diferentes modos: con nuestros sueldos de oficinistas, con la ayuda de algún productor (entiéndase una persona que cree en el proyecto y aporta algo de capital) o con la venta de las antologías, que anualmente son cuatro: Una de poesía y otra de prosa Argentina y otras dos latinoamericanas. Qué quiero decirte con esto, que como sea le vamos a encontrar la vuelta para que lo económico no sea un problema. Vamos a seguir publicando. Mientras sigan existiendo la tinta, el papel y la gente con imaginación, vamos a seguir publicando.

AC. En una ocasión hablamos acerca de publicar una novela en la editorial Ediciones Croupier y me decías que tendría que venderse mucho. Hay cierto temor, ¿pero no puede ser una obra de un escritor novel, ese billete de lotería que impulse definitivamente a su editorial, como cantera de buenos escritores a los que muchos editores no les dan la oportunidad?

D. Sí, claro pero no es nuestra intención en particular la de vender. Si uno de nuestros libros trasciende a niveles insospechados, enhorabuena. Pero si no… Uno no hace un libro pensando en ser famoso o intuyendo que se va a vender por millones. Uno lo hace porque tiene que hacerlo. Uno escribe porque su cuerpo y su mente y sus tripas se lo piden. No tiene escapatoria, lo tiene que hacer. Lo que pase después con él no es lo importante.

AC. ¿Qué aconsejarían a un escritor que no sabe qué hacer con su novela rechazada por todas las editoriales?

D. Que se acerquen a Ediciones Croupier. Para eso fue creada, para albergar a los parias, ja.

AC. ¿Podrías contarnos alguna historia que haya sido satisfactoria en la experiencia de Ediciones Croupier?

D. Todo el camino recorrido, desde que arrancamos hasta acá, es una historia satisfactoria. Armar tu propia editorial, publicar gente, montar las presentaciones y terminarlas bebiendo unas cervezas en el living de tu casa, con autores amigos… No es poca cosa. Incluso cuando no sale como esperás sale bien. Es un estado de la mente, si se quiere. Hacer. Ir por más. Contarte alguna historia en particular sería no hacerle justicia a la historia en su totalidad.

AC. Sobre la antología de cuento y poesía, ¿podrías explicar un poco más, cuál es la línea para editar?

D. ¿La línea para publicar? Nosotros hacemos una convocatoria, la gente responde. Algunos te envían sus textos sin la menor corrección, sin siquiera ese compromiso. Ese material lo descartamos automáticamente. Después, mientras esté gramaticalmente bien armado, mientras no sea panfleto de nada ni de nadie, avanti.

AC. ¿Cuántos autores están incluidos en éstas?

D. Este, curiosamente, es el libro número 13 que publicamos y el azar quiso que también seamos 13 autores. Incluyéndome. Siete argentinos y seis de otras tierras hermanas.

AC. En Colombia, varios editores independientes piensan que la crisis de la industria terminará por dar la estocada final a su oficio. En parte éste fenómeno se debe a que multinacionales como Prisa, primero y ahora Random House Mondadori, adquirieron a los principales editores que eran Planeta y Alfaguara. ¿Qué opinión tienes de esto?

D. Que el planeta y el mundo estén en crisis no significa que dejemos de hacer cosas. Uno se levanta y hace lo que tiene que hacer: seguir publicando. Acá, en Argentina, por suerte, hay mucho Arte popular e independiente. Existe un fenómeno llamado FLIA (feria del libro independiente y autogestionado). Es decir, otra manera de encarar el mundo de la literatura. Las variantes siempre están. Las mega corporaciones son eso y nada más. Como los mega supermercados, existen pero el almacén de barrio también. Curiosamente, en plena crisis, en Argentina, este es el auge de lo independiente. Es ahí donde uno demuestra de qué está hecho.

AC. Muchos autores se preguntarán qué géneros tienen más posibilidades de venderse. En ese mismo sentido, sería bueno conocer cuáles son tus gustos literarios. ¿Un editor puede verse influido por su gusto a la hora de decidir qué editar o qué no?

D. El autor que se pregunta sobre qué escribir para tener un lugar en el mercado mejor que se dedique a otra cosa. No sé qué harán los editores que cobran un sueldo por su trabajo, que arman grandes productos editoriales… Nosotros somos otro asunto. Ni mejor ni peor, sencillamente, diferente. Como escribiera Bukowski: “Si no te sale ardiendo de dentro, a pesar de todo, no lo hagas. A no ser que salga espontáneamente de tu corazón y de tu mente y de tu boca y de tus tripas, no lo hagas. Si tienes que sentarte durante horas con la mirada fija en la pantalla del ordenador o clavado en tu máquina de escribir buscando las palabras, no lo hagas. Si lo haces por dinero o fama, no lo hagas. Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama, no lo hagas. Si tienes que sentarte y reescribirlo una y otra vez, no lo hagas. Si te cansa sólo pensar en hacerlo, no lo hagas. Si estás intentando escribir como cualquier otro, olvídalo. Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti, espera pacientemente. Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa. Si primero tienes que leerlo a tu esposa o a tu novia o a tu novio o a tus padres o a cualquiera, no estás preparado. No seas como tantos escritores, no seas como tantos miles de personas que se llaman a sí mismos escritores, no seas soso y aburrido y pretencioso, no te consumas en tu amor propio. Las bibliotecas del mundo bostezan hasta dormirse con esa gente.

No seas uno de ellos. No lo hagas. A no ser que salga de tu alma como un cohete, a no ser que quedarte quieto pudiera llevarte a la locura, al suicidio o al asesinato, no lo hagas. A no ser que el sol dentro de ti esté quemando tus tripas, no lo hagas. Cuando sea verdaderamente el momento, y si has sido elegido, sucederá por sí solo y seguirá sucediendo hasta que mueras o hasta que muera en ti. No hay otro camino. Y nunca lo hubo”. Creo que eso lo resume todo.

AC. ¿Conviene vender una editorial cuando se piensa que no hay otra salida o hay que seguir adelante?

D. No sé, ¿conviene vender tu alma cuando estás cansado de que las cosas no te salgan? No lo sé. Es una elección personal.

AC. Por último, queremos que animes a los escritores que leerán esta entrevista, a participar en las próximas ediciones de antologías de editorial El Croupier.

D. Quienes necesitan ánimos para publicar después de haber leído esta entrevista quiere decir que no han entendido nada: No sean sus propios obstáculos. ¡Enciendan huracanes y alimenten mareas! Para decir NO ya existe demasiada gente sin imaginación. ¡SALUD!



martes, 24 de marzo de 2015

La poesía de Durs Grünbein: la vida vista en alemán




                                                          El poeta alemán Durs Grünbein
                                                           Fuente: www.heinehaus.de

Posiblemente en el mundo existan más poetas, que cualquier otra cosa que se conozca. En algún momento, cualquier persona ha tenido un pensamiento trascendental, relámpago furtivo iluminando su mediocre existencia y lo escribe. El valor de lo poético radica en su carácter irracional, que es el mismo de las pasiones. Nada es más pasional que un poema, en el sentido más espiritual del término; por eso, un buen poema no es posible explicarlo con las herramientas de su propia materia, el lenguaje, porque ya ha escapado a él. Dentro de la miríada de poetas que fabrican incesantemente la poesía, esa suerte de hronir —objeto borgesiano que una vez perdido, se replica en la mente de quien lo halla, con ligeras imperfecciones— que resulta enriquecida por el lector, encontré por casualidad en el Times Literary Supplement un artículo con un texto del poeta alemán Durs Grünbein (para mayor profusión de datos biográficos pueden ir al enlace al final del artículo). Su poesía es una de las más interesantes de la lengua de Goethe y Celan. Espeleólogo de nuevos significados semánticos, enriquece la fenomenología del poema con profusión de imágenes originales que capturan de inmediato la atención del lector. También cierto aire de derrota gravita sobre la obra de este poeta, desgarrado sin duda por la historia, que como la vida de millones de alemanes cambió para Alemania un día de 1989, cuando el muro que sostenía los dogmas cayó, abriéndole el paso a nuevos significados e imágenes. Quizá por eso la lengua alemana sea tan inaprensible: parece querer sintetizarlo todo.
                                                                                       
                                                                           *  *  *

El siguiente es el artículo traducido libremente, junto con el poema, de la web del TLS:

Mantegna, Quizás
Por Andrew McCulloch
Marzo 24 de 2015- Times Literary Supplement

El poeta y el traductor Stephen Romer predijo alguna vez que las versiones de Michael Hofmann de la poesía de Durs Grünbein (nacido en Dresde en 1962), tarde o temprano harían la parte del propio corpus poético de Hofmann, de la misma manera que las Imitaciones ya hacen parte del de Robert Lowell. Esto quizás porque Hofmann —nacido en Alemania, educado en Inglaterra y traductor prolífico de novelas y poesía del alemán en el inglés— es particularmente claro acerca del difícil negocio de producir versiones viables en  inglés de textos extranjeros y sus propios criterios para ser exitosas.
Traduciendo los poemas de Gottfried Benn, por ejemplo, era “como haberse desarrollado, con el tiempo, una personalidad o carácter, y entonces, mejor dicho, éste es el carácter, que reclama ser ejecutado” —una experiencia “cercana del método de interpretación actoral”. O, como él puso en la introducción a su colección de poemas  de Grünbein, Las Cenizas para el Desayuno (2005), para traducir la poesía deben “ir sobre las líneas, y hacerlo parecer a mano alzada”. “Podría no ser capaz de dibujarlos desde el exterior ", escribe él, “pero espero que yo pueda animarlos desde dentro”.
En “Mantegna, Quizás”, su versión del de Grünbein “Mantegna Vielleicht” (de Nacht Satiren; Tras los sátiros, 1999), Hofmann captura la sequedad de Grünbein, desinteresadamente curioso acercándose a la barbaridad humana en parte, quizás, porque él lo considera como un tipo “del gemelo de poeta alemán —el que quien, a diferencia tuya, se quedó en casa”. Pero el sujeto de Grünbein —la manera en que el artista puede presentar “horror…. intransfigurado” en términos que, evitando cualquier lirismo de falsificación, sin embargo insisten en su propio artificio— es también cercana a la propia creencia de Hofmann que la poesía puede hacer frente al mundo con la candor articulado, y sin suscribir a cualquier “mito de comprensión silenciosa”.

Mantegna, Quizás

En duermevela una vez... entre el dar y el tomar
Vi mis  manos, su moteado rojo y amarillo
Como aquellos de un forastero, una rigidez en un morgue.
 A la hora de comer, ellos manejan el tenedor y el cuchillo
los instrumentos del caníbal, que los usó para olvidar la cacería
y los gritos de la matanza.
Delante de mí
Ponen una palma tan vacía como mi plato,
el montón carnudo del último de los monos,
que encontraron todo a su alcance
En un mundo de primates. Mantegna, quizás
Podría haber sido capaz de pintarlos intransfigurado en su horror,
Aquel gordito aspero.
Que fue el futuro
Predicho en las líneas de aquella mano, amor o fortuna,
Comparada al terror de los poros, imbuidos en el sudor
Como el mito de incomprensión silenciosa sobre una frente.

Durs Grünbein 




sábado, 7 de marzo de 2015

Bach y Piranesi: las cárceles de lo inalcanzable



                                                      Grabado de las "carceri" de Piranesi

Vi por primera vez las cárceles imaginarias de Piranesi, escuchando la segunda suite para violonchelo de Bach, interpretada por Yo-yo Ma. Parecen enmarcan esas sombras dantescas una senda extraviada, como preludio luctuoso que arrastrara tras de sí, de manera melancólica, el estilo de un joven compositor que intenta abrirse paso en su oficio, trashumando por las cortes alemanas. Las intrincadas carceri del genial dibujante italiano, son recreadas aquí por la fría mano de una computadora, que la Sony utilizó como fondo, para dar contexto a la laberíntica música del genio alemán. La magistral interpretación del chelista chino, parece acentuar, el oscilante desasosiego de las escalas en re menor, que no dejan de inquietar el espíritu. Algo parece decirnos esa zizigia —la conjunción exacta de dos astros en un momento determinado— Bach-Piranesi: ¿la belleza del arte no deja de ser un mero espejismo, un hermoso truco del ingenio humano? Los pasadizos imposibles del grabador veneciano, nos recuerdan por momentos en su profundidad metafísica, a los de Escher, y anticipan, la perspectiva arquitectónica del panóptico de Bentham. Todo parece tener total coherencia y concreción como diseño, pero como en la música del compositor alemán, en la que el violonchelo monódico parece capaz de hacer polifonía, todo se disipa tras la prestidigitación del arte. Los sentidos, como dijo Platón, resultan engañados, pues las Musas habitan en la imagen convexa y ambigua de lo perfecto, el arquetipo inalcanzable para el hombre.


             Yo-yo Ma, preludio de la suite para violonchelo N 2 en re menor de J.S Bach (Sony Classical)



Ensayo en la red sobre la obra de Piranesi:

viernes, 20 de febrero de 2015

Freaks: la venganza de los monstruos


Cartel del filme Freaks (1932)


La desgracia es igual a la ruleta: ninguno quiere ser uno de los perdedores. Pero en algún momento, un número, el que tenemos en el bolsillo, resulta ganador, no del premio, sino del castigo . El cine se ha empeñado en vendernos realidades más bien apacibles y bucólicas: personas hermosas, valientes e inteligentes, llenas de cualidades; en otros momentos nos presenta antihéroes, gente con defectos morales y físicos, que nos dejan ver la urdimbre del alma humana a contraluz, a pleno sol. Nada hubo antes más descarnado, más atroz y más humano a la vez, que esta película estrenada a comienzos de la década de los treinta. En el debut de Freaks, en 1932, sus encopetados asistentes pretendían asistir a la proyección de un mundo alejado de la marginación, dolor y espanto de quienes protagonizaban la obra maestra del director Tod Browning. La primera impresión de todos, fue un reflejo especular de lo que sucedía en la pantalla. En la película, una mujer grita cuando un mercachifle le revela la existencia de un ser horrendo, que causa terror solamente al contemplarlo. Otra mujer, en la sala, grita histérica ante el espectáculo que está viendo, y sin poder soportarlo, abandona el cinematógrafo. ¿Qué puede causar tanto espanto, tanto horror y tanto miedo? En la lotería que es la vida, algunas personas nacemos con un defecto más o menos notorio; para otras, resulta una aberración contra natura, la vida, y además, respirar el mismo aire que nosotros, la “gente normal”. Los freaks.

                                      El director Tod Browning, junto a su elenco de monstruos


La historia de Freaks es una historia de traición, de crueldad, de abyección humana. Es también la historia de un grupo de fenómenos de circo, que al entenderse como únicos en el sentido más filosófico —es decir, ético—, de la palabra, entienden que deben actuar para asumir su propia condición. Hans es un enano que se enamora de Cleopatra, una presuntuosa diva de circo. Los flirteos llegan al punto de que el enano Hans, deja a su novia enana, por su capricho amoroso. Un hombre tosco, pone los ojos sobre Venus, la novia del payaso. Esta lo desprecia. El hombre en su ambición, decide aliarse con Cleopatra para robar a Hans, quien ha heredado una fortuna considerable. Durante la cena de navidad, los monstruos, entre quienes están, un hombre que se arrastra sobre su vientre, pues carece de piernas y brazos, unas siamesas, una mujer mitad hombre y mitad hembra, un hombre sin piernas que camina sobre sus manos, un par de hermanas con microcefalia y así, una larga galería de fenómenos, ellos celebran felices la velada.
Cuando Cleopatra está bastante ebria, se lanza en improperios contra aquella horda de fenómenos, sucios, que solo producen carcajadas y asco entre los pervertidos asistentes que pagan por tan horrendo espectáculo, con el que ella se ve obligada a compartir carpa. Luego, aliada con su estúpido y forzudo cómplice, intenta envenenar a Hans. Al darse cuenta los monstruos, deciden vengar a su amigo. Venus y su novio, el payaso, se unen a los fenómenos. Una noche de tormenta, mientras el circo viaja a través  de un bosque, todo se sale de control. Cleopatra intenta sacar de su carro a los monstruos que han ido a cuidar de Hans, quien al percatarse de que ella carga una botella con veneno, la confronta. La mujer huye al bosque, perseguida por los fenómenos. Cleopatra, la arrogante mujer que miraba con desprecio a los freaks, termina por convertirse en uno de ellos. Tal como sucede en la vida, cuando acabamos por parecernos tanto a aquello que tanto odiamos y tememos. 



viernes, 13 de febrero de 2015

Epitafio para un perro bombero


Despedida a Jacobo, el perro bombero. 
Todos los derechos reservados: diario El Tiempo
http://www.eltiempo.com/contenido/multimedia/fotos/bogota2/IMAGEN/IMAGEN-15239860-2.png


¿Fue premeditado por un demiurgo o simplemente le salió por azar? Los animales parecen destinados a compartir con el hombre, el dolor y el sentido trágico de la vida. Kafka, ese genio que prefiguró el horror de la modernidad, dijo que en los perros estaba la totalidad del conocimiento. ¿Alguna vez los hemos mirado con detalle? No pueden comunicarnos nada; tienen una vida breve y son generalmente sociables; aunque pueden defender lo que consideran suyo con ferocidad. Un perro está dispuesto a sacrificar su vida misma por su amo, su alimento o lo que considere como su tesoro. 

Parecen percibir las cosas metafísicas mucho mejor que cualquier médium. Sea cual sea el lenguaje con el que nos comuniquemos con ellos, siempre serán más perspicaces que el humano más inteligente. Para la muestra el botón más elocuente (no quiero justificar nada, solamente lo absurdo de nuestra supuesta idea de “Razón”): Adolf Hitler prefirió declarar la primera ley de protección animal de la historia de los estados modernos en Occidente, antes que desistir del proyecto de la Solución Final. Los seres humanos somos hábiles en la destrucción, propia o ajena. Todo estaba mejor antes de que Dios dejara encargados a Adán y Eva de administrar la creación como se les viniera en gana. Se continúa subestimando a los animales hoy, incluso más que en la Edad Media, cuando los escolásticos afirmaban que carecían de alma.

Alguien, tras la muerte de su padre, me dijo en tono de reproche: «¿No entienden que no se murió un perro?; se murió mi papá». La verdad nunca he podido entender qué diferencia existe. El amor es el mismo y la muerte siempre será dolorosa, tanto para el que parte, como para el que se queda. ¿Existe por lo demás un rasero, es decir, alguna categoría psicológica que disminuya la experiencia vital de un ser, por el hecho de no pensar de una manera humana? Su experiencia de estar ahí en el mundo, como dijo el filósofo, es idéntica a la humana. 


He visto en la prensa un conmovedor reportaje sobre Jacobo, un perro bombero y su sacrificio, por estar desahuciado a causa de un tumor en el hígado. La entereza del animal en la despedida de sus amigos de labor, su valor ante la evidencia de un viaje sin retorno y su último y plácido sueño final, reposando su cabeza en las manos de su mejor amigo, no pudieron dejar de estremecerme al pensar en mi perro. Razón tenía Byron cuando escribió el epitafio para Boatswain, su fiel Terranova: «Cerca de este lugar reposan/ los restos de quien poseyó/ belleza sin vanidad,/ fuerza sin insolencia,/ valentía sin ferocidad,/ y todas las virtudes del hombre sin sus vicios./ Este elogio sería un halago sin sentido/ si fuera grabado sobre cenizas humanas./ Pero es un justo tributo a la memoria de Boatswain, un perro».


domingo, 1 de febrero de 2015

La poesía que tienen los cementerios


                                                            Cementerio Central de Bogotá

Ese día era un jueves. Empezamos a beber desde temprano, es decir, antes del mediodía. Así es como debe ser. Los itinerarios habituales en los devaneos etílicos, incluían una visita furtiva a las funerarias. Ir a ver los muertos, ver el gesto con el que pasarán a la posteridad definitiva, es como un recordatorio de la fugacidad de la finitud. Ese acto absurdo para muchos, cobra sentido cuando la reflexión en la que sume al espíritu el alcohol, nos acerca a la verdad inexorable de que en algún momento ya no estaremos; todo esto habrá pasado como un sueño en el que nosotros mismos seremos imágenes que se desvanecerán como la niebla. La resaca es semejante a la resurrección: prepara el cuerpo para nuevos embates. El abstemio no puede experimentar ese juego dual, esa ruleta rusa en la que consiste la embriaguez. Los simples no necesitan transgredir sus vidas porque están conformes con su invalidez mental. La quietud tan parecida a la muerte. Así, pensando en  muertos, reflexionando sobre el abismo por el que se irán en algún momento todas estas «cosas importantes», con el valor que le otorgamos a los hechos, las personas y objetos con nuestra temporalidad, entramos al Cementerio Central. Estaba registrando todo para buscar evidencias. Escuchar la voz de un muerto, es decir, de alguien que estuvo vivo y ahora no es otra cosa que dos fechas sobre una piedra, puede causar pánico. No hay que temer porque en esencia qué otra cosa somos para los otros que no saben quiénes somos —y seremos después para los vivos—, sino muertos. Sobre la tumba del más grande poeta que ha dado este erial yerto y yermo. Leyendo a Dante. Un murmullo. Un quejido. Una risa. Esa es la poesía que tienen los cementerios.



martes, 27 de enero de 2015

Auschwitz: 70 años de la apertura del infierno


                          Entrada al campo de exterminio de Auschwitz, liberado un 27 de enero de 1945


Estas son las puertas del infierno: “Dejad, vosotros que entráis, toda esperanza”, dice Dante en su obra magna, cuando entra al inframundo de la mano de Virgilio. Esto es gran literatura que la realidad supera. A la entrada de Auschwitz, el campo de horror fundado por los nazis, tras invadir Polonia, en 1940, reza: Arbeit Macht Frei, “El trabajo libera”. Pero el trabajo al que se referían los verdugos consistía en sacar a los prisioneros toda la savia de su vida, en su combate denodado contra la muerte, para luego, llevarlos agotados a la ducha y al crematorio. Reducir su memoria a cenizas. El suicidio de la razón, lo han llamado muchos estudiosos. Sobre la Shoah poetas como Celan escribieron versos estremecedores: Schwarze milch der Fruhe… Negra leche del alba, te bebemos al alba, al mediodía… También Primo Levi, escritor italiano de ascendencia judía, puso en letras uno de los grandes testimonios de aquel campo de atrocidad inenarrable, dirigido por Rudolf Hoß, desde mayo de 1940. Si esto es un hombre, es más que uno de los grandes libros testimoniales sobre el Holocausto, representa el exorcismo de un hombre que ha visto cara a cara a la muerte; ha comido, soñado, incluso, respirado su olor. En ambos casos, la vida después de aquello resultó insoportable. Sobrevivir, a sus muertos, para Celan representaba una carga semejante a una enfermedad fatal. Se arrojó a las frías aguas del Sena, en 1970, antes de cumplir cincuenta. Primo Levi, de veinticuatro años, se enlista en las filas de los partisanos italianos. Es capturado y al confesarse judío, es deportado en 1944 a Monowitz, campo satélite al de Auschwitz. Al ser uno de los prisioneros con conocimientos en la industria química, fue de utilidad a los nazis y pudo así salvar su vida trabajando como esclavo, hasta el momento en que fue deportado y milagrosamente liberado del campo de concentración, en 1945, hace exactamente setenta años. Aunque retornó —intentó hacerlo— a su vida como químico, siguió escribiendo hasta un 11 de abril de 1987. Ese día Levi recibió de su casera la correspondencia. La saludó y despidió con su afabilidad cotidiana. Al poco rato, la mujer escucha un fuerte golpe en el rellano. Levi había salvado su vida, pero el horror de la muerte y la agonía de sus compañeros de desgracia, siguieron manteniéndolo en ese Monowitz mental. En uno de sus manuscritos, escribió: «26 de enero. Estamos solos, abandonados en un universo de muertos y larvas. El último rastro de civilización ha desaparecido de nuestro alrededor y de nuestro interior. La obra de bestialización emprendida por los alemanes triunfantes ha sido cumplida por los alemanes derrotados. Es hombre quien mata, es hombre quien sufre o comete una injusticia: no es hombre quien ha perdido toda decencia y comparte su lecho con un cadáver. Quien ha esperado que su vecino acabara de morir para quitarle un pedazo de pan puede ser inocente, pero está señalado, condenado, maldito». Cuando la mujer se asomó a ver el origen de aquel golpe sordo, se encontró a Levi, en el suelo. ¿Qué lo motivó a lanzarse por las escaleras, cuarenta y dos años después de ser salvado de la muerte? Las de Auschwitz eran las puertas del infierno.

sábado, 17 de enero de 2015

La ignorancia es la fuerza: "read a fucking book"


Foto: Daina Beth Solomon. L.A Weekly


La lectura como transgresión siempre resultará sospechosa para cualquier sistema. Se supone que vivimos en una sociedad abierta, democrática y libre, por supuesto. La aparición de Mark Zuckerberg, flamante presidente de Facebook, diciendo que leerá al menos dos libros por mes durante el año, ha sorprendido a los críticos de la cultura virtual. Parece un chiste orwelliano. Es como si Stalin o Hitler resultaran abogando por la democracia, pensarán los pervertidos intelectuales. Uno de los peligros de esta civilización virtual es la enajenación.

Como un personaje de una novela surrealista, el ciudadano promedio camina, come, vive (y no duerme) con la mirada clavada en esa pequeña cuadrícula que toca periódicamente, lanzando risitas estúpidas, sin que los demás se escandalicen. Parecería que la idiotización ya tiene carta de naturalidad. ¿Estos son los signos del apocalipsis digital? ¿Los hipsters, dueños de anticuarios y librerías de viejo podrán suspirar tranquilos? ¿El libro impreso ha empezado a circular, o por el contrario, ha renovado sus fuerzas? Aunque se nos diga que los nativos digitales no leen, probablemente estemos equivocados. Leen a su manera. Mensajes de textos, artículos cortos, y sobre todo, publicaciones en Facebook o Twitter. En fin. Una cosa distinta es que ya nadie —ni siquiera los que escribimos— use la pluma o el lápiz para escribir. ¿Terminará atrofiándose y anulándose por sustracción de materia, esa área del cerebro procedural que opera los mecanismos necesarios para la escritura?



                                                                      Foto: @carolineoconnor

Poco a poco la subversión intelectual surge como la luz entre las nubes negras de la tormenta. Un esperanzador mensaje en la botella ha surgido en las convulsas calles de Los Ángeles. Un anuncio común de tráfico que debería advertir al transeúnte un cambio en su bitácora, de repente forma con sus flamantes luces amarillas: «lee un puto libro». Un hacker piadoso con alguno de esos zombies con los que se estrella camino a casa, absorto en su aparato multifuncional, su respirador artificial, estalla, irrumpe en el generador de texto de la señales de tráfico de la ciudad y lanza su mensaje. Como los revolucionarios nihilistas en la Rusia zarista de Dostoievsky o los disidentes políticos en la Europa de Hitler, el mensaje de este héroe anónimo es pronta y debidamente censurado.

Los curiosos toman sus fotografías y la suben a las redes sociales. Es como un puño alzado contra la tiranía, como el estudiante chino que se planta frente al tanque de guerra en la plaza de Tiananmen en 1989: podría ser pertinentemente apresado por subversión, por terrorismo ideológico. «La ignorancia es la fuerza», reza el lema ideologico del Ingsoc, el partido oficial estatal, en la novela de Orwell. Esto parece una metáfora de un futuro que hace tiempo se nos vino encima. Ya veremos qué pasa…

viernes, 9 de enero de 2015

Charlie Hebdo: sarcasmo y fundamentalismo

                                                     

                                                                  Caricatura propiedad del blog

El humor es uno de los rasgos de nos diferencian de las bestias. No recuerdo al autor de la anterior sentencia, pero es verdad que saber reírnos de nuestros propios defectos, es signo de inteligencia. Sobre Alejandro Dumas, hijo, autor de El Conde de Montecristo, recayeron acusaciones xenófobas en la Francia del siglo XIX. Se sabe que descendía de una esclava africana y por eso algunos críticos le zaherían con caricaturas y perlas como estas: 

«He escuchado, señor Dumas, que dicen que su abuela era una negra y su abuelo, un gorila: ¡vaya ancestros los que tiene!», le dijo un malicioso hombre. «Desde luego —replicó Dumas—. Siendo yo descendiente de negros, monos y gorilas, se puede ver que me he superado bastante en mi vida, incluso hasta llegar a escribir novelas; pero usted señor, parece que no ha hecho nada de provecho con la suya, porque bien visto: ¿ante  quién y de qué puede jactarse?»

Este episodio humorístico, por desgracia no puede tener cabida en la Francia del siglo XXI. Con una creciente comunidad árabe en los distritos de París, las tensiones y la intolerancia han alcanzado sus máximos límites. Queda claro que una cosa es la crítica y el sarcasmo inteligente, y otra muy distinta, la barbarie. Es hora de reflexionar acerca de los alcances del humanismo religioso y secular.

                                                         Viñetas satíricas de Charlie Hebdo


El miércoles 7 de enero de 2015, pasará a la historia como el día de la infamia. Un grupo de terroristas armados ingresan a las instalaciones del fanzine satírico Charlie Hebdo, disparando contra diez personas, incluidos los caricaturistas responsables de la publicación. También mueren dos policías. Dos días después, los asesinos —miembros de facciones fundamentalistas islámicas— son abatidos en una operación policial de rescate de los rehenes, que habían tomado cerca a París.. Francia a comienzos de 2015, está en vilo como Estados Unidos en 2001, a manos de Al Qaeda.

Gran parte de la opinión pública francesa e internacional está ahora dividida. Las preguntas del día son: ¿Es justificable el lenguaje ofensivo contra la religión musulmana? ¿Se puede ser políticamente correcto sin pagar las consecuencias? ¿A qué nivel de barbarie están dispuestos a llevar al mundo los fundamentalistas islámicos?

                                    Las caricaturas que desataron el odio de los extremistas islámicos

Se supone que las libertades individuales y colectivas tienen unas fronteras delimitadas por la ética y la inteligencia individuales. Es poco lo que los gobiernos pueden hacer contra el cáncer del terrorismo. La masacre de Charlie Hebdo pasará sin duda a la historia, como un acto barbárico, atroz; es condenable a todas luces. Queda flotando la pregunta: a sabiendas de la insania, las delirantes atrocidades cometidas por los yihadistas en el mundo desde 2001, ¿no midieron las consecuencias los periodistas de Charlie Hebdo?


El mundo cada vez es menos tolerante a las chanzas fuertes. Infortunadamente, ya no se replican las ofensas con frases elegantes, ni se rompen o se queman libros simbólicamente, ni siquiera en Francia, cuna de la libertad: los fundamentalistas ideológicos quieren matar el sarcasmo; quieren devolvernos al tiempo de Torquemada y de los nazis.