Escritor por encargo

Escritor por encargo
escritores freelance

miércoles, 28 de septiembre de 2016

¿QUIÉN GANARÁ EL PREMIO NOBEL DE LITERATURA 2016?




Durante los primeros días de octubre, el mundo literario permanece a la expectativa del nombre del ganador del Premio Nobel de Literatura. Para 2016, las cábalas nos presentan una lista de eternos candidatos al premio más codiciado por las letras mundiales. Aunque las tendencias de los académicos suecos resultan desconcertantes, puesto que cada año salta a la palestra un nombre por lo general desconocido para la mayor parte de los lectores mundiales, las predicciones se empecinan en concedérselo a los archiconocidos de siempre.

Resultado de imagen de haruki murakami

Haruki Murakami: el japonés es un candidato recurrente durante la última década; Murakami siempre aparece en las quinielas al premio sueco. Sus libros suelen mostrar a unos personajes anodinos, comunes, atormentados por las vicisitudes de la modernidad, lo que persuade fácilmente al lector para firmar el pacto de verosimilitud con el autor. No está de más decir que sus libros figuran siempre en el listado de los bestsellers, lo que resulta un valor agregado sobre todo para los editores.



Resultado de imagen de adonis poeta

Adonis: el poeta sirio es uno de los más fuertes candidatos a llevarse el Premio Nobel de Literatura 2016. No es nada extraño, teniendo en cuenta que los suecos suelen entremezclar en la receta el ingrediente político, y que Siria está pasando por el peor momento de su historia. Esto no significa que su obra lírica sea en lo absoluto desdeñable. Su Epitafio para Nueva York es una de sus obras notables. Las metáforas modernistas de la gran ciudad norteamericana, el esplendor de su caos y su pluriculturalidad, demuestran su genio lírico, haciendo al mismo tiempo, un homenaje a Lorca.

Resultado de imagen de philip roth


Philip Roth: el escritor estadounidense ha sido un referente cuando de predicciones se trata. El Premio Nobel de Literatura 2016 se lo concederían a Philip Roth por varias razones: ser el último saurio de una generación de grandes autores estadounidenses como Mailer, Pynchon, Salinger, Below, entre otros, lo ameritaría; además que desde Toni Morrison (1993), no se concede a un novelista estadounidense el codiciado premio, sería suficiente justificación.

Resultado de imagen de ngugi wa toingo

Ngũgĩ wa Thiong'o: el autor keniata podría ser el ganador del Premio Nobel de Literatura 2016. El hecho de hacer parte de una minoría racial intelectual africana, históricamente poco galardonada, ya es una razón de peso; del mismo modo, su larga producción novelística y su activismo político, que le costó en 2004 al retornar a Kenia, un atentado en que fue violada su esposa y él atacado a machete, harían justicia al concederle el premio.

Resultado de imagen de ismail kadare

Ismail Kadare: es el escritor en lengua albanesa más conspicuo de su generación. Su extensa obra narrativa, en la que hace una memoria histórica de los conflictos de su país, hace perfecto candidato a Ismail Kadare al Premio Nobel de Literatura 2016. Hacer parte de la resistencia intelectual marginal europea, puodría ser otro factor de peso para inclinar la balanza hacia el escritor albanés. 


Resultado de imagen de milan kundera

Milan Kundera: el checo es uno de los grandes ausentes a la ceremonia del Premio Nobel de Literatura cada año. Es quizá el autor vivo europeo más celebrado, con una voluminosa obra traducida a todas las lenguas conocidas. Sobreviviente del antiguo régimen comunista, su obra, principalmente La Insoportable levedad del ser, describe la soledad del individuo oprimido por las fuerzas de la Historia, su redención y tragedia existencial en medio de la opresión política. Kundera es heredero ideológico de Nietzsche, Camus y Sartre, Broch, Cervantes, entre otros. Para el autor checo, al borde de los noventa años, seguramente la recepción del premio puede resultar tan indiferente como para Doris Lessing, quien al recibir la noticia del Nobel de Literatura en 2007, se limitó a un estoico: "Oh, God!".



jueves, 22 de septiembre de 2016

LO POÉTICO COMO CIENCIA DEL SUBCONSCIENTE: DISCURSO DE SAINT-JOHN PERSE AL RECIBIR EL NOBEL DE LITERATURA 1960

        Dos glorias de las letras francesas: Saint-John Perse conversa con André Malraux

Una de las mayores dicotomías para el pensamiento de nuestro tiempo es la escisión entre lo racional e irracional. La ejecución de la poesía, resulta principalmente ardua e inútil, en una sociedad en la que el conocimiento se estratifica cada vez más. Conciliar el rigor del pensamiento racional y lógico, con la libertad intuitiva y subconsciente, es quizá la mayor ambición para el escritor. Autores como Ernesto Sábato, Jorge Luís Borges, Goethe, Dante, Marcel Proust, Thomas Mann o Joyce, en algún punto de su obra han coqueteado con la rigurosidad de la ciencia.

Sábato fue primero que novelista, químico; se adentró en las complejidades abstractas de las cifras, pero fue en la literatura donde halló el equilibrio. En su infancia, Borges, ante un tablero de ajedrez, fue introducido por su padre, un profesor de psicología spenceriano, en las arduas lides de las paradojas filosóficas. Goethe tuvo interés en las teorías científicas de su tiempo: la química es parte fundamental de la trama de su novela Las afinidades electivas; escribió un tratado sobre los colores, e incluso, llegó a descubrir un nuevo hueso en el maxilar. Dante desarrolla la teoría del hilemorfismo en sus cantos de la Comedia. Proust, en su obra magna, explora el universo abstruso de la fenomenología, de acuerdo a su ardua lectura de la obra del filósofo francés Henri Bergson. Thomas Mann estudia el fenómeno metafísico del tiempo, como parte de la dialéctica entre sus personajes centrales de su novela Der Zauberberg. James Joyce llevó el stream of counsciousness, técnica narrativa de vertiente casi psicoanalítica, a sus límites en el Ulysses y, más allá del lenguaje, en su obra póstuma Finnegans Wake.



Quizá ningún otro escritor, ha dado mayor muestra de reflexión sobre la dicotomía entre ciencia y arte, que Saint-John Perse. El poeta nacido en Guadalupe, región ultramarina francesa, fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1960. Su poesía irradia una reflexión profunda acerca de la condición humana; de perplejidad ante la Naturaleza; el mar está presente permanentemente en las imágenes de su obra como destino. En su discurso de aceptación del premio, el poeta, quien recorrió el mundo como diplomático, reflexiona sobre los mecanismos racionales y su vínculo con la corriente del subconsciente humano. Esta pieza ha sido calificada como un prodigio de concisión y lirismo; aquí, el poeta consigue un raro y sutil equilibro entre la emoción y el rigor. 

                                                                                     ***

                                       Sello conmemorativo de Francia al poeta. 
Fuente:http://www.encaribe.org/Files/Personalidades/saint-john-perse/imagen/4e1bbcd2-a54f-89e4.jpg


Discurso Saint-John Perse Premio Nobel de Literatura 1960

He aceptado para la poesía el homenaje que aquí se le rinde, y tengo prisa por restituírselo.
La poesía no recibe honores a menudo. Pareciera que la disociación entre la obra poética y la actividad de una sociedad sometida a las servidumbres materiales fuera en aumento. Apartamiento aceptado, pero no perseguido por el poeta, y que existiría también para el sabio si no mediasen las aplicaciones prácticas de la ciencia.
Pero ya se trate del sabio o del poeta, lo que aquí pretende honrarse es el pensamiento desinteresado. Que aquí, por lo menos, no sean ya considerados como hermanos enemigos, Pues ambos se plantean idéntico interrogante, al borde de un común abismo; y sólo los modos de investigación difieren.
Cuando consideramos el drama de la ciencia moderna que descubre sus límites racionales hasta en lo absoluto matemático; cuando vemos, en la física, que dos grandes doctrinas fundamentales plantean, una, un principio general de relatividad, otra, un principio “cuántico” de incertidumbre y de indeterminismo que limitaría para siempre la exactitud misma de las medidas físicas; cuando hemos oído que el más grande innovador científico de este siglo, iniciador de la cosmología moderna y garante de la más vasta síntesis intelectual en términos de ecuaciones, invocaba la intuición para que socorriese a lo racional y proclamaba que “la imaginación es el verdadero terreno de la germinación científica”, y hasta reclamaba para el científico los beneficios de una verdadera “visión artística”, ¿no tenemos derecho a considerar que el instrumento poético es tan legítimo como el instrumento lógico?
En verdad, toda creación del espíritu es, ante todo, “poética”, en el sentido propio de la palabra. Y en la equivalencia de las formas sensibles y espirituales, inicialmente se ejerce una misma función para la empresa del sabio y para la del poeta. Entre el pensamiento discursivo y la elipse poética, ¿cuál de los dos va o viene de más lejos? Y de esa noche original en que andan a tientas dos ciegos de nacimiento, el uno equipado con el instrumental científico, el otro asistido solamente por las fulguraciones de la intuición. ¿Cuál es el que sale a flote más pronto y más cargado de breve fosforescencia? Poco importa la respuesta. El misterio es común. Y la gran aventura del espíritu poético no es inferior en nada a las grandes entradas dramáticas de la ciencia moderna. Algunos astrónomos han podido perder el juicio ante la teoría de un universo en expansión; no hay menos expansión en el infinito moral del hombre: ese universo. Por lejos que la ciencia haga retroceder sus fronteras, en toda la extensión del arco de esas fronteras se oirá correr todavía la jauría cazadora del poeta. Pues si la poesía no es, como se ha dicho, “lo real absoluto”, es por cierto la codicia más cercana y la más cercana aprehensión en ese límite extremo de complicidad en que lo real en el poema parece informarse a sí mismo.
Por el pensamiento analógico y simbólico, por la iluminación lejana de la imagen mediadora y por el juego de sus correspondencias, en miles de cadenas de reacciones y de asociaciones extrañas, merced, finalmente, a un lenguaje al que se trasmite el movimiento mismo del ser, el poeta se inviste de una superrealidad que no puede ser la de la ciencia. ¿Puede existir en el hombre una dialéctica más sobrecogedora y que comprometa más al hombre? Cuando los filósofos mismos abandonan el umbral metafísico, acude el poeta para relevar al metafísico; y es entonces la poesía, no la filosofía, la que se revela como la verdadera “hija del asombro”, según la expresión del filósofo antiguo para quien la poesía fue asaz sospechosa.
Pero más que modo de conocimiento, la poesía es, ante todo, un modo de vida, y de vida integral. El poeta existía en el hombre de las cavernas; existirá en el hombre de las edades atómicas: porque es parte irreductible del hombre. De la exigencia poética, que es exigencia espiritual, han nacido las religiones mismas, y por la gracia poética la chispa de lo divino vive para siempre en el sílex humano. Cuando las mitologías se desmoronan, lo divino encuentra en la poesía su refugio; aun tal vez su relevo. Y hasta en el orden social y en lo inmediato humano, cuando las Portadoras de pan del antiguo cortejo dan paso a las Portadoras de antorchas, en la imaginación poética se enciende todavía la alta pasión de los pueblos en busca de claridad.
¡Altivez del hombre en marcha bajo su carga de eternidad! Altivez del hombre en marcha bajo su carga de humanidad -cuando para él se abre un nuevo humanismo-, de universidad real y de integridad psíquica… Fiel a su oficio, que es el de profundizar el misterio mismo del hombre, la poesía moderna se interna en una empresa cuya finalidad es perseguir la plena integración del hombre. No hay nada pítico en esta poesía. Tampoco nada puramente estético. No es arte de embalsamador ni de decorador. No cría perlas de cultivo ni comercia con simulacros ni emblemas, y no podría contentarse con ninguna fiesta musical. Traba alianza en su camino con la belleza –suprema alianza-, pero no hace de ella su fin ni su único alimento. Negándose a disociar el arte de la vida, y el amor del conocimiento, es acción, es pasión, es poder y es renovación que siempre desplaza los lindes. El amor es su hogar, la insumisión su ley, y su lugar está siempre en la anticipación. Nunca quiere ser ausencia ni rechazo.
Nada espera sin embargo de las ventajas del siglo. Atada a su propio destino y libre de toda ideología, se reconoce igual a la vida misma, que nada tiene que justificar de sí mismo. Y con un mismo abrazo, como con una sola y grande estrofa viviente, enlaza al presente todo lo pasado y lo por venir, lo que humano con lo sobrehumano y todo el espacio planetario con el espacio universal. La oscuridad que se le reprocha no proviene de su naturaleza propia, que es la de esclarecer, sino de la noche misma que explora, a la que está consagrada a explorar: la del alma misma y la del misterio que baña al ser humano. Su expresión se ha prohibido siempre la oscuridad y esa expresión no es menos exigente que la de la ciencia.
Ahí, por su adhesión total a lo que existe, el poeta nos enlaza con la permanencia y la unidad del ser. Y su lección es de optimismo. Para él una misma ley de armonía rige el mundo entero de las cosas. Nada puede, ocurrir en ella que, por naturaleza, sobrepuje los límites del hombre. Los peores trastornos de la historia no son sino ritmos de las estaciones en un más vasto ciclo de encadenamientos y de renovaciones. Y las Furias que atraviesan el escenario, con la antorcha en alto, no iluminan sino un instante del muy largo tema que sigue su curso. Las civilizaciones que maduran no mueren de los tormentos de un otoño; no hacen sino transformarse. Sólo la inercia es amenaza. Poeta es aquél que rompe, para nosotros, la costumbre.
Y es así también como el poeta se encuentra ligado, a pesar de él, al acontecer histórico. Y nada le es extraño en el drama de su tiempo. ¡Que diga a todos, claramente, el gusto de vivir este tiempo fuerte! Pues la hora es grande y nueva para recobrarse de nuevo. ¿Y a quién le cederíamos, pues, el honor de nuestro tiempo?...

“No temas”, dice la Historia, quitándose un día la máscara de violencia y haciendo con la mano levantada ese ademán conciliador de la Divinidad asiática en el momento más fuerte de su danza destructora. “No temas, ni dudes, pues la duda es estéril y el temor servil. Escucha más bien ese latido rítmico que mi mano en alto imprime, renovadora, a la gran frase humana siempre en vías de creación. No es verdad que la vida pueda renegar de sí misma. Nada viviente procede de la nada, ni de la nada se enamora. Pero tampoco nada guarda forma ni medida bajo el incesante flujo del Ser. La tragedia no finca en la metamorfosis misma. El verdadero drama del siglo está en la distancia que dejamos crecer entre el hombre temporal y el hombre intemporal. El hombre iluminado sobre una vertiente ¿irá acaso a oscurecerse en la otra? Y su maduración forzada, en una comunidad sin comunión, ¿no sería quizá una falsa madurez?...”

Al poeta indiviso tócale atestiguar entre nosotros la doble vocación del hombre. Y esto es alzar ante el espíritu un espejo más sensible a sus posibilidades espirituales. Es evocar en el siglo mismo una condición humana más digna del hombre original. Es asociar, en fin, más ampliamente el alma colectiva con la circulación de la energía espiritual en el mundo… Frente a la energía nuclear, la lámpara de arcilla del poeta ¿bastará para este fin? -Sí, si de la arcilla se acuerda el hombre.
Y ya es bastante, para el poeta, ser la mala conciencia de su tiempo.